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LA HABANA, Feb. 12  (El Toque) En el punto exacto donde se cruzan las calles Habana y Muralla, germinó hace siete años la tienda de jardinería integral Oasis Nelva, un lugar donde casi todo es verde. Carmen Monteagudo García, “la responsablemente loca encargada del lugar” —como ella se define—, cuenta que siempre quiso un negocio así.

“Desde el año 1995 trabajo para proyectos de cooperación y desarrollo local sustentable, lo cual me permitió acercarme a diferentes ejemplos prácticos de mejoramiento de las condiciones de vida con compromiso ambiental, social y ecológico. Por ello, en cuanto se me presentó la oportunidad, pensé en algo como esto”.

La oportunidad llegó cuando a su pareja de trabajo, el experto en jardinería Evelio Pérez, le posibilitaron arrendar el lugar donde hoy se encuentran.

“Aquí comercializamos plantas ornamentales para exteriores e interiores, sustratos, biofertilizantes, abonos y arreglos con elementos naturales”, dice. “Del mismo modo, ofertamos servicios de posventa, que incluyen diseño, montaje, mantenimiento y reposición de plantas”.

 Un oasis en La Habana

Taller de Alimentación Saludable, organizado entre Oasis Nelva, el Programa Mundial de Alimentos y el Centro a+, espacios adolescentes de la Oficina del Historiador de La Habana. Foto: Tomada de la página en Facebook del Centro a+.

De acuerdo con la emprendedora, la tienda se abastece de la red nacional de viveros y huertos de la agricultura urbana y suburbana. “Los fertilizantes generalmente los producimos nosotros, y en ocasiones los compramos”.

Asimismo, destaca que “no es fácil mantener un negocio de este tipo, que ha enfrentado las opiniones erróneas y el escepticismo de personas que no entienden la propuesta que hacemos”.

“Para todos los que aquí trabajamos es fundamental que el cliente adquiera un producto ecológico. Nosotros intentamos ser ejemplo de que es posible vivir en armonía con la naturaleza”, asegura.

 

Carmen presume de las “excelentes relaciones que tiene la tienda con la comunidad”.

Yosvani Castillo se gana la vida manejando un bicitaxi. Desde que nació —hace 45 años— vive en el barrio. “La gente de la tienda es amable, no están en na’, saludan a todo el mundo”, asegura.

 Un oasis en La Habana

El espacio abrió y amplió su bar recientemente con múltiples ofertas gastronómicas para los viandantes foráneos y los locales. Foto: Alba León Infante.

Dentro de los logros está el “haber podido articular el negocio con las dinámicas locales y colaborar con los vecinos en todo lo que se pueda. Cuando hay actividades en las escuelas y los niños necesitan llevar plantas, se las vendemos a los padres en el menor precio posible y, en ocasiones, las regalamos; además, nuestro vivero está al servicio de quienes deseen aprender sobre el cuidado del medio ambiente”, explica la emprendedora.

Carmen parece tener claros los objetivos y la filosofía de vida que pretende desarrollar; y lo que comenzó con una tienda se ha ido diversificando. “Tenemos un bar con variedades de bebidas y además una crepería. Todo esto creado bajo el mismo presupuesto de incentivar las prácticas ecológicas”.

Según refiere, todos los platos son elaborados con alimentos orgánicos, que provienen de la Finca Marta, situada a unos 20 kilómetros de la capital, en la provincia de Artemisa.

 

A simple vista, en la decoración de Oasis Nelva —incluyendo la tienda, el bar y la crepería— es notable la preponderancia de los elementos naturales. “Muchos de los adornos son accesorios reciclados, porque ese concepto es parte de la cultura que queremos transmitir”, dice Carmen.

No obstante, a veces los locales están vacíos. “Hay días mejores que otros, pero me alegra cuando veo que los jóvenes vienen y luego regresan; eso me demuestra que poco a poco algunas personas van transformando sus hábitos y que voy por el camino correcto, que, evidentemente, no es el más fácil”.

Aun así, muchos de quienes llegan al bar o a la crepería lo hacen por razones que nada tienen que ver con el compromiso del lugar con la naturaleza. “Fui una vez porque me hablaron de las crepes, después he repetido porque el ambiente me encantó, es excelente para compartir con las amistades”, afirma una de las clientes.

“La proporción entre clientes cubanos y extranjeros es bastante equilibrada e intentamos que todos se vayan satisfechos. Al final, no importa si no se dan cuenta de nuestra propuesta, con que noten que están en un lugar diferente, estamos complacidos”, dice Carlos Alberto Romero, trabajador de Oasis Nelva.

“En seis años con la tienda y tres con la crepería no logro que este sea un proyecto suficientemente rentable”, dice Carmen, “aunque sigo albergando la esperanza de que lo sea. Esto no me lleva a cambiar mi filosofía. Me formé en el trabajo con las ONG, colaborando con la Fundación Núñez Jiménez; y entiendo que en la vida hay algo más que ganancia económica”.