Remodelación Habana

LA HABANA, 4 ene  (Por Alberto C. Toppin) Durante la primera mitad del siglo XX, La Habana fue reimaginada una y otra vez, a veces por arquitectos y urbanistas cubanos, y en otras por firmas extranjeras. Sin embargo, sobresale una ocasión. En ella, un paisajista francés invirtió parte de sus últimos años de vida en venderle a la ciudad un proyecto de actualización digno de admirar.

Pero no fue cualquier paisajista. Cuando en 1918 Jean Claude Nicolás Forestier aún era conservador del bosque de Bolonia en París, ya tenía en su historial, entre otros, la parisina Avenida de Breteuil, los Jardines de la Casa del Rey Moro en Málaga y la urbanización de la montaña de Montjuïc para la Exposición Internacional de Barcelona.

Fue seleccionado entonces para embellecer algunos alrededores del Palacio Presidencial cubano. Sin embargo, la mayor parte de los proyectos no fructificaron y la ocasión sirvió para, más tarde, ponerlo a la vista del gobierno de Machado. Cinco años después, Forestier estaba a cargo del Plan de Embellecimiento y Ampliación de La Habana, auspiciado por la Ley de Obras Públicas. Todos los gastos que generaría corrían a cuenta de empréstitos concedidos al poder ejecutivo por el Chase Bank. Remodelación Habana

El Plan fue realmente ambicioso. Estableció, como palanca, el Capitolio y el Parque de la Fraternidad justo frente a la parte más antigua de la ciudad. Palanca porque, aunque realmente llegó a serlo y continúa siéndolo, el Capitolio no fue concebido como el principal centro citadino, aun teniendo el diamante que marca el kilómetro cero de la Carretera Central.

Sede del Congreso, era, junto con sus alrededores, la segunda zona en importancia. La primera, la que realmente constituiría la piedra angular de la capital cubana, era una plaza cívica a construirse en las inmediaciones de la Ermita de los Catalanes.

De hecho, en uno de los anteproyectos del Sistema de Avenidas y Parques de La Habana de 1926, Forestier planeaba unir esta plaza con los muelles mediante una avenida céntrica, y subrayar los enlaces con la parte sur de la ciudad y el Vedado. Finalmente, planeó que fuera el núcleo de una vasta red que conectara varias áreas verdes: los jardines del Capitolio, los parques de Atarés y de las avenidas del Puerto y de las Misiones, el Cementerio de Colón, el Parque de Loma, el de Ayuntamiento y el Aldecoa, estos tres últimos en las márgenes del Almendares.

En cuanto al Capitolio —según Gabino Ponce Herrero, de la Universidad de Alicante—, Forestier sostuvo la idea de abrir un paseo desde la escalinata hasta el puerto (presumiblemente, expandiendo la calle Teniente Rey), de manera que se realizara la vista panorámica desde el centro histórico hacia el edificio, por aquel entonces el más importante del país.Remodelación Habana

Sin embargo, sus planes no fueron del todo ejecutados, en parte por el justo derrocamiento de Machado y por la discontinuidad en los posteriores planes de actualización de La Habana. Incluso cuando en los años 50 fue terminada la Plaza Cívica, la ciudad se había expandido bastante al oeste y buscaba conquistar el este sin hacer uso del complejo sistema de avenidas y circunvalaciones de Forestier.

Ni siquiera tomó como centro real a la plaza, de escaso arbolado además. Basta con apreciar que no existe avenida de relevancia entre esta y el puerto. Paseo se vuelve 20 de Mayo y termina en el actual Estadio Latinoamericano. Solo Aranguren lleva hacia los muelles, y a la Altura de Infanta cambia su nombre a Manglar.

Aun así, sabemos que La Habana tiene su pizca de francés. Incluso más allá de la Alianza, la Casa Víctor Hugo y la embajada.