Navidad 2023 en Cuba: el horno no está para arbolitos

Navidad 2023 en Cuba: el horno no está para arbolitos

LA HABANA, 24 dec. Como tantas otras celebraciones del 2023 en Cuba, la Navidad está sufriendo los rigores de la crisis: menos arbolitos montados en comercios, instalaciones hoteleras y casas; menos ofertas de pinos artificiales, luces y guirnaldas en tiendas físicas y grupos de venta en redes sociales y, sobre todo, precios aún más estratosféricos que el año anterior.

Las decoraciones navideñas parecieran estar al alcance de muy pocos bolsillos este diciembre.

Hubo una época, antes de que el Papa Juan Pablo II regresara al calendario cubano el jubileo por el nacimiento de Jesús, en que los arbolitos no estaban de moda en la isla, heredera durante décadas de un materialismo dialéctico que solo se creían quienes escribían los manuales.

El gusto por la festividad no desapareció a golpe de decretos, sino que reemergió con más fuerza en cuanto el gobierno admitió lo obvio: que la religiosidad popular es una característica intrínseca del cubano.

Aunque no pocas personas decoran plantas de sus jardines, a falta de pinos y abetos, los más comunes en la isla son los arbustos artificiales que suelen engalanarse con guirnaldas de colores, bolas, bastones, ángeles, estrellas y un larguísimo etcétera de detalles rutilantes, rematados siempre con luces fijas o intermitentes.

La recreación del nacimiento, con sus tres Reyes Magos y sus pastores, ya es un nivel más elevado de perfeccionismo que supone una tradición familiar acendrada o un poder adquisitivo por encima de la media.

Por estas mismas fechas en 2022 los habaneros asistían sorprendidos al emplazamiento de un pino gigante en la calle Galiano, con sus luces y el consiguiente espectáculo que representaba para una ciudad que, hasta hacía muy poco, catalogaba semejantes prácticas como “diversionismo ideológico”.

Por estas mismas fechas en la capital las lucecitas encandilaban, mientras las “áreas verdes”, e incluso las no tan verdes, vivían entre apagón y apagón.

Este año, sin embargo, el llamado espíritu navideño no resulta tan evidente en Cuba como en ocasiones anteriores, no solo porque han disminuido de forma notoria la cantidad de espacios adornados para la fecha, sino porque apenas se habla sobre la celebración y muy pocos hogares podrán contar con una cena a la altura de la festividad.

Ninguneadas por el propio gobierno, las tiendas que operan en moneda nacional no exhiben más de tres o cuatro artículos en sus vidrieras, ninguno apto para la Navidad; los comercios en Moneda Libremente Convertible tienen los pinos y sus respectivas decoraciones a precios de infarto, sobre todo si se tienen en cuenta las tasas de cambio del MLC en el mercado informal, y los negocios privados proponen artilugios tan caros que parecieran haber sido importados en los mismísimos trineos de Santa Claus.

A los cubanos que viven “al día”, que cada vez son más, les queda resignarse a ver los arbolitos de las vidrieras, de los hoteles o del vecino que sí se lo pudo costear o que lo guarda y lo saca año tras año.

Más de 2 000 pesos por una guirnalda, 10 MLC por un juego de medias rojas con renos y 8 000 pesos por un árbol enclenque de apenas 1 metro de altura son cifras que muy pocos están dispuestos a erogar en tiempos en que un paquete de pollo cuesta la mitad de cualquier salario.

Puestos en la disyuntiva de alimentar el cuerpo o el espíritu, los cubanos lo tienen claro: un plato de congrí, bistec de cerdo y rebanadas de tomate es una señal de «estatus» mucho más poderosa que un arbolito iluminado.

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