Médicos cubanos demandan que comparezcan ante la Justicia los responsables del caos de la Salud Pública

Médicos cubanos demandan que comparezcan ante la Justicia los responsables del caos de la Salud Pública

LA HABANA, 30 nov. El Observatorio Cubano de Salud Unidos y el Colegio Médico Independiente en Cuba enviaron este miércoles una carta abierta al ministro de Salud Pública,

José Ángel Portal Miranda, en la que condenan el escarnio público al que han sido sometidos seis cirujanos cubanos enjuiciados por la muerte de un paciente, denuncian las deplorables condiciones actuales del sistema de salud y demandan explicaciones sobre el destino de las sumas millonarias en la última década por la exportación de los servicios profesionales médicos.

Los firmantes del documento, entre ellos los doctores Alexander Jesús Figueredo Izaguirre, Arnoldo de la Cruz Bañoble, Sergio Barbolla Verdecia y Jorge David Yaugel, manifiestan «descontento con las autoridades de salud del municipio de Bayamo y la provincia de Granma» por el procesamiento penal de los cirujanos Rafael José Sánchez Vázquez, Yoandra Quesada Labrada, Ristian Solano, Elizabeth Silvera, William Pérez Ramírez y Henrry Rosales Pompa.

Las autoridades «como institución, mejor que nadie, conocen del sacrificio que hacen los médicos para atender bien a sus pacientes, en medio de carencias de todo tipo, y los han abandonado a su suerte para que sean juzgados por personas que ni los conocen ni están familiarizados con el muy adverso contexto en que trabajan cada día», señalan en el texto enviado a DIARIO DE CUBA.

En opinión de los promotores de la carta, «a los tribunales deberían comparecer como acusados los responsables por desviar los recursos aportados por las brigadas médicas», a quienes identifican como «los verdaderos culpables de la crisis del sistema nacional de salud, de las muertes masivas durante la pandemia por falta de balones de oxígeno, medicinas y ambulancias, de los fallecimientos de pacientes por carecer de fármacos para controlar enfermedades crónicas o para poder los médicos realizar exitosamente su trabajo en los quirófanos».

«Lo ocurrido en Bayamo es una vergüenza nacional. Los acusadores deberían señalar a los verdaderos responsables de esa muerte. Esos médicos también son víctimas del conflicto entre su compromiso profesional y la imposibilidad de tener éxito en las condiciones en que los obligan a intervenir a sus pacientes.

La figura del médico en la sociedad cubana actual, marcada por una profunda crisis económica, debe recibir el reconocimiento que merece por trabajar en esas circunstancias y no que nos sometan al escarnio público», sostienen.

La carta pide a los dirigentes de la Salud Pública «responder por los recursos que no se invirtieron en el sector cuando las brigadas médicas (exportadas) aportan el principal ingreso de dólares al país».

«Demandamos como profesionales que nos expliquen y le expliquen al pueblo a dónde han ido a parar las decenas de miles de millones de dólares que el Ministerio de Salud Pública de Cuba ha recibido en la última década, por concepto de las ‘misiones médicas'», dicen.

Para los firmantes, «es evidente que ese dinero no se ha invertido en el sistema de salud cubano como se arguyó en su momento para justificar la deducción arbitraria de entre el 70% al 90% de los salarios de los brigadistas durante todos estos años.

Habría sobrado para mantener el sistema de salud en óptimas condiciones y pagar salarios dignos a los profesionales del sector».

Demandan que quienes «han manejado esas cantidades astronómicas de dinero respondan públicamente por su destino y que los recursos aun disponibles sean invertidos de inmediato en dotar al sistema de salud nacional de equipos, insumos y fármacos para evitar que continúe la pérdida de vidas que ya ha ocasionado la desviación de esos fondos, como ocurrió en el caso de Bayamo».

Igualmente, reclaman el pago de «la totalidad del salario cuando salimos a prestar servicios a otros países» y no «un estipendio mínimo del mismo», lo cual consideran «robo» y «trabajo esclavizante».

«Esa política, puesta en práctica por un gobierno que a cada instante invoca el humanismo de la sociedad que preside, debe cesar. Deben también cesar las medidas que toman contra un profesional que abandona, por la causa que sea, lo que han llamado ‘misiones’ médicas para militarizar una simple relación contractual civil que establecen dos partes, un empleador y un empleado (en este caso el médico)», señalan.

«Cuando por alguna razón nuestros profesionales de salud —ejerciendo derechos laborales universales reconocidos por Cuba— han decidido por alguna razón poner fin a un contrato, han sido condenados a ocho años de destierro, la imposibilidad de sus familiares de salir a visitarlos en ese tiempo, y la confiscación del dinero devengado previamente que obra en cuentas de bancos cubanos esperando su regreso.

Se les trata, señor ministro, como si fueran desertores de un ejército o vulgares criminales», dicen.

«Es hora de poner fin a tanta arbitrariedad, abuso y humillación al gremio médico, y las regulaciones a los especialistas de segundo grado también deben cesar. Somos seres humanos, no somos propiedad del Estado que se alquila o vende.

No queremos que nos sigan deshumanizando para sacar beneficios financieros a costa nuestra. Beneficios cuyo destino nadie ha auditado», añaden.

Por último, el Observatorio Cubano de Salud Unidos y el Colegio Médico Independiente en Cuba demandan «un aumento de salario inmediato para todo aquel que trabaja dentro del sistema de salud, médicos, enfermeros y técnicos. Su labor debe ser remunerada como se merecen, porque en las manos de ellos está la vida del pueblo.

La carta de los médicos trasmite preocupación por la situación de la salud en Cuba, el deterioro de la infraestructura, equipamiento e insumos de los hospitales, policlínicos y demás instalaciones destinadas a atender a los pacientes, durante los últimos tiempos muy visible en las denuncias de numerosas afectados en las redes sociales.

Como señalan los firmantes del documento, la falta de medios de protección hace que cada día los protocolos sean más incompatibles con las buenas prácticas. La ausencia de medicamentos es muy grave y la población se siente más desprotegida que en ningún otro momento.

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