Los viejos taxis de Cuba se enfrentan a nuevas normas y se complica el transporte

Sancionan a transportistas privados que violan precios máximos en La Habana

Abordar la “guagua” -ómnibus- que pasa llena en La Habana es una aventura. No cubren la demanda. Los taxis, muchos de ellos de los años 50, han llenado ese vacío, pero nuevas normas para su circulación les hizo pisar el freno y complicó el transporte en la isla.

“El transporte nunca ha funcionado y ahora está peor”, dice Lorena Mastiñeira, de 20 años, mientras intenta “pescar algo” para llegar a la universidad, en el parque El Curita, en La Habana, donde coinciden paraderos de taxis privados y ómnibus estatales.

La joven achaca el empeoramiento “a la ley que salió en diciembre” para los taxistas privados en la capital, como parte de un plan de “reordenamiento y control del transporte no estatal”, que el gobierno definió inicialmente como un experimento.

La norma obliga a los autos particulares que brindan servicio público a una revisión técnica para circular, situación complicada en un país con un parque automotor congelado en el tiempo, con sus autos antiguos conocidos como almendrones. Para muchos de ellos ya no existen repuestos.

También deben afiliarse a categorías para ruta (recorrido definido), que se hace en servicio colectivo del tipo “uber pool”, libre (taxi regular) y clásico (para el turismo). También se controlará su consumo con una tarjeta para la compra de combustible.

En el parque, Luis Caballero, un jubilado de 70 años, al no encontrar un transporte colectivo, se queja porque debió pagar ocho dólares por un viaje en taxi que “valía 20 pesos cubanos (0,80 centavos de dólar)”. “Una barbaridad”, gruñó.

Cada vez que un almendrón se detiene en El Curita, decenas de personas se abalanzan sobre el vehículo, pero el enjambre se dispersa cuando el conductor lanza la frase de moda: “carrera directa (personal)”, que infiere precios exorbitantes.

“Hay muchas personas intentando coger un carro y es muy difícil, no hay ninguno”, comenta Mastiñeira, mientras observa como decenas de almendrones emprenden la marcha vacíos, a la caza de un bolsillo solvente. Es una imagen recurrente por toda la ciudad.

– El experimento –

Hasta hace dos meses, esos autos, algunos destartalados y otros nuevos importados por el gobierno para ofrecer el servicio, circulaban por miles como taxis colectivos en La Habana, cobrando hasta el equivalente a un dólar por cabeza.

Eran un importante complemento de un sistema de transporte público estatal, que cubre solo el 71% de la demanda en La Habana, con 2,1 millones de habitantes.

Como parte del plan, el Ministerio del Transporte (Mitrans) comenzó a entregar el 7 de diciembre las licencias para los taxis.

Sus propietarios debieron pasar primero una revisión técnica que diezmó sus filas. De los 1.492 que se presentaron, solo aprobaron 227, lo que demostró el “mal estado técnico” en que rodaban la mayoría de ellos, según el Mitrans.

“Hay 2.167 licencias canceladas en la ciudad”, dijo en diciembre la viceministra de Transporte, Marta Oramas.

Un mes después, con la “retirada de una parte importante” de los taxistas privados, “obviamente la calidad del servicio [del transporte en general], que ya era deficiente, se ha vuelto aún peor”, comentó a la AFP Ricardo Torres, del Centro de Estudios de la Economía Cubana.

“Si tenías un mercado con un déficit de oferta, la solución nunca puede venir por un método que reduzca más la oferta, porque (…) las tarifas, que ya eran relativamente altas, van a seguirse incrementando”, advirtió el académico.
Con información de nuevoherald