La nueva fórmula de la pasta dental cubana evoca los malos recuerdos del Período Especial

La nueva fórmula de la pasta dental cubana evoca los malos recuerdos del Período Especial

LA HABANA, 29 ene. «Es como ir a la playa y lavarte los dientes con arena», así describía hace unos meses Maritza la pasta dental que se distribuye por el mercado racionado. A partir de ahora, y con el fin de reducir costos, el producto incorporará a su fórmula carbonato de calcio salido de las canteras de la Isla, en lugar del Sident 9 importado que llevaba antes.

El anuncio de la nueva fórmula de Denti-Fresh ha llevado a muchos cubanos a rememorar los intentos de la industria cubana por lograr un dentífrico siquiera correcto para la canasta básica que se distribuye por el racionamiento. El temor de los consumidores es que regresen mezclas similares a las que se vendían en el Período Especial, cuando se incluía zeolita en su preparación.

En los años 90 el dentrífico cubano prescindió de todo tipo de afeites. En un tubo de aluminio sin letras ni colores se vendía lo que algunos convirtieron en blanco de sus burlas y otros temían como a un dolor de muelas. De textura arenosa, casi insípida y viscosa, la pasta de dientes en aquellos años era un mal trago que había que usar a la mayor brevedad.

Pero no solo era la baja calidad de la mezcla, sino el robo permanente de materias primas, lo que degradaba el resultado final. Los humoristas resaltaban en infinidad de bromas que al apretar el tubo muchas veces salía aire en lugar de pasta, los ciudadanos preferían usar la estructura de metal para realizar improvisadas lámparas de keroseno con las que aliviar los apagones antes que llenar el cepillo con aquella sustancia.

«Servía para limpiar anillos, para echar en productos improvisados de limpieza, pero metérsela en la boca era un calvario»

«Servía para limpiar anillos, para echar en productos improvisados de limpieza, pero metérsela en la boca era un calvario», recuerda Santiaga, una jubilada residente en el municipio habanero de Guanabacoa que asegura que en aquellos años perdió «todas las muelas» por la mala calidad del producto, que, además, no estaba siempre disponible.

«La mayor parte de las veces me lavaba la boca con jabón, que es algo muy desagradable, te deja todo seco y duro», recuerda. «La poca pasta que llegaba por la libreta tratábamos de guardarla para los niños, pero yo me echaba una chispita en el dedo –ni cepillo había en ese momento–, y me restregaba. A veces terminaba con arcadas».

Posteriormente se agregaron varios productos para estirar la fórmula, entre ellos la zeolita.

En la Isla aún se cuenta una leyenda urbana que afirma que un cubano fue retenido en la aduana del aeropuerto de Londres por llevar uno de aquellos tubos sin marca ni detalles. Tras analizar la sustancia que contenía, los flemáticos funcionarios fueron categóricos: «No es droga, pero pasta dental tampoco».

Ahora, el feo tubo de aluminio se ha sustituido por otro de plástico mucho más moderno y con letras de colores impresas, pero el contenido no deja ser objeto de burlas. El dentífrico está a cargo de la empresa Suchel, en La Habana, que tiene cuatro líneas de producción de tecnología italiana capaces de llenar hasta 60 tubos por minuto. Cada día se producen unas 17 toneladas del dentífrico, según la prensa oficial.

El producto nacional está en jaque porque en el mercado informal se comercializa una amplia gama de dentífricos importados que incluyen marcas como Colgate y Oral-B. Con un precio superior pero más a tono con el gusto de los clientes, estas pastas se han vuelto el ideal de los consumidores que prefieren comprar su fórmula antes que la nacional.

«Una sabe a limpio, a higiene y la otra no sé, un minuto después de que me lavé la boca ni yo mismo me siento que me la lavé», lamenta Ricardo, un joven que asegura estar «condenado» a usar Denti-Fresh. «Ya sé que lo más importante es el cepillado pero yo quiero sentir frescor, limpieza, y no que acabo de frotarme con ceniza».

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