Hemingway, a 70 años de una pesquería inolvidable

LA HABANA, 26 may  (PL) El novelista estadounidense Ernest Hemingway participó por primera vez un día como hoy hace 70 años en un torneo de pesca de la aguja de este país, recuerdo que une a muchos aquí.

Hemingway constituye no solo un recuerdo imperecedero para los cubanos, sobre todo para los pescadores del poblado de Cojímar y sus familiares, sino representa un símbolo de las relaciones afables entre los pueblos de Estados Unidos y Cuba.

Según dijo en su momento el propio escritor, se consideró ‘un cubano sato’, lo que al margen de la corta frase dio tono a favorables relaciones que en la actualidad, y desde hace más de 50 años se ven empañadas por trabas de Washington contra La Habana.

Independientemente de las disputas entre historiadores quienes tienen diversas versiones sobre cuando Hemingway llegó por primera vez a Cuba, si es totalmente cierta una ruta turística, cultural y de amistad que en la práctica trazo el novelista en esta nación.

Ernest Hemingway era un hombre casi tan cubano como estadounidense. Esta afirmación aparece marcada con una huella perenne entre rincones maravillosos de Cuba, donde vivió interrumpidamente por más de 20 años.

La ruta incluye La Bahía de La Habana, la propia Habana Vieja, el Hotel Ambos Mundos, el Bar-Restaurante Floridita, Las Terrazas de Cojímar, la Cervecería Hatuey (complejo actual de lugares y salones), la Marina Hemingway, Finca Vigía, y los cayos Mégano y Coco.

El Dios de Bronce de la Literatura norteamericana separó para sí espacios con mucho carácter, donde se reunía con sus amigos, conversaba, bebía o escribía.

También seleccionó corrientes para pescar o rutas para perseguir submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, todos esos lugares indicados en la actualidad para un buen paseo.

Por ello Hemingway es un hombre del turismo cubano, así se le consideró en vida y ahora, aún está presente su estirpe de aventurero o de simple ser humano capaz de escoger los mejores lugares.

Nacido el 21 de julio de 1899 en Oak Park, Chicago, llegó por primera vez a Cuba, a La Bahía de La Habana, el 1 de abril de 1928, a las 22:50, hora local, durante una noche nublada y de horizonte brumoso, como rezan notas de la época.

Los especialistas consideran que el escritor arribó en el vapor Orita, de bandera inglesa, y así consta la entrada de esa embarcación en los libros del Castillo del Morro, la fortaleza más emblemática de La Habana, la capital insular.

Llegaba en ese entonces acompañado de su segunda esposa, Pauline Pfaiffer, en un viaje desde Francia hacia Key West, con escala en La Habana. Ella tenía cinco meses de embarazo.

Un año después, el entonces joven reportero se acercó a las aguas cubanas en el barco Anita para pescar agujas. A partir de esos encuentros amó entrañablemente a Cuba.

Pero de todos los lugares de su ruta cubana, y que llevan su nombre, la Marina Hemingway quizás es el más significativo, con 100 atracaderos para vida a bordo en yates y organizador del torneo que lleva su nombre, iniciado en 1950 en vida del escritor.

El mar, su pasión por los cubanos y por la pesca son esencias de esa relación imborrable, cada año recordada con fuerza, pese a las discrepancias políticas entre ambos países que algún día desaparecerán.