El transporte: otro deporte extremo del cubano

El transporte: otro deporte extremo del cubano

LA HABANA. 6 ene. El transporte en Cuba se mueve sobre una cuerda de alta tensión. Cada mañana las paradas están atestadas de gente tratando de “capturar” una guagua para trasladarse a su trabajo, centros de estudios o simplemente  para llegar a un turno médico en un hospital.

Jóvenes, ancianos, estudiantes. Todos desde bien temprano tratan de cumplir con la jornada que tienen por delante pero trasladarse es cuando menos un deporte de alto riesgo.

La imagen es muy parecida a aquellas fotografías del llamado Período Especial. Personas “enganchadas” en las puertas de los ómnibus, o golpeándose para subir sin el menor respeto hacia el prójimo. Es la ley del más fuerte.

En esa lucha siempre sale derrotado la persona más vulnerable, el anciano, una mujer con sus hijos, o cualquiera que padezca una enfermedad que le impida correctamente entrar en igualdad de condiciones al terreno de esa batalla campal.

A lo anterior se suma el largo tiempo de estancia en las paradas. Las guaguas pueden demorar horas en pasar por el punto previsto mientras las personas aguardan como si tuvieran todo el día disponible para la espera. De lo contrario tendrían que tomar un almendrón o el servicio de taxis privados.

Este último, por cierto, es otro deporte de alta tensión por el pago que exigen a los clientes. Como muestra un botón: un viaje de unos pocos kilómetros desde el Vedado hasta Centro Habana o La Habana Vieja puede rondar sin demasiada dificultad los 1000 pesos.

Eso,  sí ocurre antes de la caída de la noche. Ya a las altas horas el costo puede duplicarse y las personas se ven obligadas a pagarlo (los que puedan claro está) para poder volver a sus casas sin correr más riesgos en medio de la ola de violencia que se ha desatado en la isla.

El temor, se sabe, está en la calle. A  diferencia de otros años muchas personas tratan de no salir en la noche, precisamente porque prevén que será una odisea el regreso en  transporte público, lo que implica además pasar largas horas en las paradas a riesgo de ser asaltados simplemente para arrebatarles un móvil o algún otro objeto de valor.

La situación es bastante crítica. Lo peor quizá es que no se vislumbre una solución a la vista.  Incluso parece que podría ser peor ante el anuncio del aumento del costo del pasaje de las guaguas, una medida que también ha sido blanco de chistes entre los cubanos que se preguntan cómo se va a incrementar el costo del pasaje a unos ómnibus “fantasmas”.

El 2024 tendrá la última palabra. Esperemos que al menos la situación con el transporte mejore y las personas puedan desplazarse con menos dificultad a sus lugares de destino para que la imagen en las paradas sea otra. Aunque a decir verdad, los augurios para este año, bisiesto y quizás siniestro, no presentan las mejores cartas.

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