El primer Mundial de ajedrez disputado en Cuba

Dos cubanos con premios en Abierto Mexicano de Ajedrez

LA HABANA, 29 ene. Los amantes del ajedrez en Cuba seguramente recuerdan como grandes torneos organizados en Cuba el match mundial entre nuestro José Raúl Capablanca y Enmanuel Lasker en 1921, o la Olimpiada de 1966, pero mucho antes la mayor de las Antillas acogió un Campeonato Mundial, y no había ningún nativo en acción.

Por estos días se celebran 132 años de aquella justa, promovida por el Club de Ajedrez de La Habana, en la cual se enfrentaron el entonces campeón mundial Wilhelm Steinitz y Mijail Chigorin.

Más de un mes duró aquella porfía entre el estadounidense de origen austriaco y su retador ruso, ganada por el norteño 10,5 puntos por 6,5. Fue apenas la tercera disputa oficial de la corona del orbe, y Steinitz se mantuvo como el sucesor de su compatriota Paul Morphy.

A pesar de que el juego del monarca no era el más atractivo, pues se le acusaba de conservador, se le consideró uno de los primeros pensadores originales del ajedrez y fue muy efectivo contra Chigorin, el precursor de lo que luego sería la escuela soviética del juego ciencia.

Steinitz campeaba por su respeto, mientras que Chigorin comenzaba a hacerse un nombre a base de buenos resultados, por lo que los organizadores no dudaron en plantear el match, aceptado por el poseedor del cetro. Recordemos que en esa época el campeón decidía contra quién enfrentarse, y hasta dónde y cómo, razón que luego jugaría contra Capablanca porque Alekhine nunca le dio la revancha.

El enfrentamiento estuvo parejo hasta la partida 14 (el marcador estaba siete puntos por seis a favor del estadounidense), pero luego el monarca defensor encadenó una serie de tres victorias seguidas que sentenciaron el encuentro.

Por cierto, se dice que el premio de mil 150 dólares ganado por Steinitz al finalizar el match fue el más pequeño para un campeón mundial de ajedrez en toda la historia.

Tres años después, ambos rivales vuelven a enfrentarse en La Habana, y nuevamente salió airoso Steinitz, aunque esta vez en forma más cerrada: 12,5 puntos por 10,5. Antes el Rey había defendido exitosamente su título contra Isidor Gúnsberg, trebejista húngaro nacionalizado británico.

Fue esa revancha la segunda de las tres ocasiones en que la capital cubana acogió las partidas más importantes del planeta, pues la tercera ya sabemos que fue la ganada por Capablanca.

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