Bonsái en tiempos de pandemia

LA HABANA, 2 sep  Hace poco más de dos décadas, el cubano Jorge Guerra apenas había oído hablar del bonsái y ni siquiera podía imaginar que años después sería el presidente de una asociación de aficionados a ese milenario arte chino.

Guerra, un hombre de 68 años que pasó de la industria poligráfica al periodismo, comenzó a acercarse al bonsái a instancias de un vecino aficionado a esa técnica de moldear los arboles con el uso de alambres y pinzas, aunque nunca se había atrevido a hacerlo.El milenario arte chino del bonsái crece en Cuba

«Es una persona que tiene muchos conocimientos teóricos, pero que nunca ha hecho un bonsái, y fue quien me prestó los primeros libros que leí sobre el tema», recordó Guerra.

Todos los conocimientos adquiridos en los libros le prepararon a modelar su primer árbol en 1997 y desde ese momento no ha parado de practicar esa técnica y hasta de formar parte, en 2003, de los fundadores del Grupo Bonsái Habana, del cual hoy es el presidente.

Ese grupo, que tiene 24 miembros activos, realiza con sistematicidad el Salón Bienal «Arte soy entre las artes», un nombre que recoge un verso del héroe nacional cubano José Martí.

El VI Salón acaba de ser inaugurado en la Casa de las Artes y Tradiciones Chinas, en pleno Barrio chino de La Habana, donde se exponen casi medio centenar de árboles curiosamente reducidos por sus dueños.

Limoncillos chinos, yanas de costa, júcaros, cuabillas y casuarinas, moldeados en las más caprichosas formas, forman parte de la exposición que recoge la obra de más de una decena de creadores cubanos.

El milenario arte chino del bonsái crece en Cuba

Cada año ese grupo organiza dos cursos de formación con 39 horas lectivas repartidas en 13 clases teórico-prácticas apoyadas en imágenes y videos para ayudar a los principiantes.

«En el curso no solo enseñamos a hacer un bonsái, sino que además damos información sobre la flora cubana, para poder identificar las especies que podemos trabajar», explicó Guerra, quien es el coordinador y principal profesor de esos talleres.

Para formar parte de Bonsái Habana es imprescindible ser egresado de esos cursos que capacitan a los afiliados en la colecta de árboles en la periferia de la ciudad, fundamentalmente en las áreas costeras o los humedales, agregó.

No hay restricción en cuanto al tamaño, pero es muy difícil desarrollar árboles en un pequeño recipiente, con técnicas como el trasplante, poda, alambrado y el pinzado, a lo que se suma conocer las necesidades de riego, abono y nutrientes que requiere cada especie.

Guerra precisó que lograr los resultados deseados lleva tiempo; sin embargo, mencionó que éste se puede acortar según el conocimiento del cultivador y de las características de la especie.

El milenario arte chino del bonsái crece en Cuba

El presidente de Bonsái Habana consideró que el principal problema que enfrentan es la falta de herramientas y de bandejas para el cultivo, lo que resuelven improvisando o con amigos que traen esos insumos desde el extranjero.

En el país el número de cultivadores de bonsáis comienza a crecer, pues hay agrupaciones en las ciudades de Matanzas (oeste), Ciego de Avila (centro) y Holguín y Santiago de Cuba (este).

No se sabe cómo llegó a Cuba el cultivo y modelado de esos pequeños árboles, que es considerado como una manifestación artística universal, pero lo cierto es que los cubanos ya han hecho suyo ese milenario arte chino.

( xinhuanet)