El cocodrilo americano amenaza el pedigrí de su par cubano

LA HABANA, 28 Julio (AFP) Considerado en peligro crítico de extinción, el cocodrilo cubano está amenazado por la fogosidad de su par americano.

Ante esta realidad, los científicos se preguntan si no deberían simplemente dejar que la naturaleza decida.

Es el día de caza de huevos en el parque de cría de cocodrilos de la reserva natural Ciénaga de Zapata, en el centro de Cuba.

En cada recinto donde los animales están en un régimen de semilibertad, un pequeño grupo de empleados, rodeado de nubes de mosquitos, localiza montículos de tierra donde las hembras esconden sus huevos.

El objetivo es extraerlos con cuidado y llevarlos a una incubadora, donde se multiplican las posibilidades de supervivencia de las nuevas crías.

Pero «robarle» los huevos a una mamá cocodrilo no es simple: el encargado de cavar en nidos trabaja en compañía de cinco hombres, armados con grandes palos para repeler a los reptiles de dientes afilados, que acechan ocultos bajo la hierba alta o emergen del agua con rapidez.

Los cocodrilos «son mucho más celosos a la hora de cuidar todos sus huevos», y «hay que tener mayor cuidado porque los animales te atacan», explica Gustavo Sauza, de 42 años, 23 de ellos trabajando como veterinario en el parque.

Transportados en bidones de plástico y cubiertos de tierra para evitar el calor y la luz, los huevos pasan de 80 a 85 días en una incubadora, antes de eclosionar.

– Símbolo de Cuba –

Cada año nacen en el parque entre 500 y 1.000 crías de cocodrilo, lo que permite mantener la población en torno a 4.500 ejemplares y liberar un centenar a la naturaleza, donde se estima hay unos 3.000.

El cocodrilo cubano sólo existe en Ciénaga de Zapata, donde, sin embargo, es cada vez más frecuente la presencia de una especie vecina, el cocodrilo americano, que llega a las costas de la isla para reproducirse con él.

En esta zona pantanosa, uno de cada dos ejemplares ya es un híbrido.

Negro con partes amarillas, el cocodrilo cubano (Crocodylus Rhombifer) es más pequeño, de patas más largas y más agresivo. El americano (Crocodylus Acutus), presente en América Central, en la punta de Florida, en islas caribeñas como Cuba y hasta Venezuela, Colombia y Perú, es más tímido y de color más oscuro.

El primero nada en agua dulce, mientras que el segundo puede pasar del mar a los ríos sin problemas.

Jorge Luis Monero, de 56 años y empleado del parque desde 1987, los distingue a primera vista.

Cargando entre los brazos un ejemplar joven de 4 a 5 años con un bozal, Monero asegura que en América no hay un cocodrilo que se parezca al cubano.

«Este ahora tiene los ojos verdes porque es pequeño», pero después se volverán negros. «En los cocodrilos americanos no cambia nunca, siempre va a tener los ojos verdes», explica Monero.

La especie cubana «simboliza la isla» de Cuba, que en su silueta «se parece a un cocodrilo», señala.

– Amenaza –

El cruce es una «amenaza» para el cocodrilo cubano, junto con la caza furtiva y la reducción de su hábitat natural, explica Etiam Pérez-Fleitas, de 42 años, especialista en especies exóticas del parque.

Lo que está en juego es la «pérdida de identidad», clasificada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como en peligro crítico de extinción.

Para remediarlo, un estudio genético realizado en 2008 permitió excluir a los cocodrilos híbridos de la cría en el parque.

«Pero hay que recordar que la hibridación también ha tenido un papel en la evolución, en el surgimiento de nuevas especies», advierte Pérez-Fleitas.

Si el fenómeno es provocado por el hombre, hay que frenarlo, pero si es obra de la naturaleza, entonces puede ser que no haya que hacer nada.

Y el híbrido podría ser una especie más resistente, combinando, por ejemplo, la agresividad del ejemplar cubano con la adaptabilidad del americano.

«Nuestras investigaciones se centran en encontrar evidencias que reafirmen que es una hibridación natural», que sólo ha sido acelerada por la actividad humana, como la construcción de canales en toda la isla, opina.

Los científicos avanzan en sus investigaciones con cautela para evitar cualquier decisión precipitada. Ante una bestia que vive hasta 70 años en cautiverio, es mejor tener «planes a muy largo plazo», bromea Pérez-Fleitas.

Por el momento, es el cocodrilo cubano el que está siendo mimado, pero «¡quizá (…) dentro de 100 años, dirán que los híbridos son los que tenemos que conservar!».