Desde la invasión de Ucrania, Cuba paga tres veces más por un barco de cereal

Desde la invasión de Ucrania por Rusia, Cuba paga tres veces más por un barco de cereal

LA HABANA, 7 dic. Los directivos de la Empresa de la Industria Alimentaria de Sancti Spíritus lamentaron este miércoles que lo que llaman «la guerra entre Rusia y Ucrania» disparara el precio del trigo que importa Cuba. Cada barco de cereal le cuesta al país 13 millones de pesos, explicaron, el triple de lo que solía pagar antes de la invasión decretada por Vladimir Putin. En la provincia, la solución para ahorrar materia prima ha sido drástica: reducir el tamaño del pan.

Antes de la guerra, ya el covid-19 había encarecido el precio de los cereales, provocando una temporada de escasez en las mesas de la que los espirituanos no han podido recuperarse.

Un barco de trigo, que el país compra y procesa en sus molinos porque es más económico que importar la harina, es suficiente para satisfacer 12 días de producción nacional. En el caso de Sancti Spíritus, se necesitan 28,4 toneladas de harina diariamente para producir el pan normado, pero sólo se están recibiendo 24.

Se ha tenido que reducir lo que los propios dirigentes denominan como «bolita» de pan normado. Los cerca de 100 gramos que pesaba cada unidad del alimento, ahora se quedan en 60. La buena noticia, si la hay, es que también ha bajado el precio: cuesta 25 centavos menos, explicó el director de la Industria Alimentaria en la provincia, Víctor Díaz Acosta.

Díaz Acosta también lamentó que, dado que subsidia casi el 50% del costo de producción del pan normado –unos 1,40 pesos–, su empresa registra una pérdida de entre tres y cuatro millones de pesos cada mes, en parte compensada por los beneficios de la «venta liberada».

Desde la invasión de Ucrania por Rusia, Cuba paga tres veces más por un barco de cereal

En el caso de Sancti Spíritus, se necesitan 28,4 toneladas de harina diariamente para producir el pan normado, pero sólo se están recibiendo 24. (Escambray)

El dirigente admitió, durante una entrevista con el periódico Escambray, que no es ajeno al segundo problema del pan, además de la escasez de trigo: su calidad.

La debacle de la producción de pan es tan alarmante en Cuba, que la propia prensa oficial ha analizado en varias ocasiones las posibles vías para resolverla, sin dar nunca con un método satisfactorio

En esto influye desde la labor del panadero, el estado técnico de los equipos hasta la calidad de la materia prima y los apagones que, al interrumpir el proceso de cocción, que se hace básicamente con electricidad, inciden en el producto, enumeró.

No obstante, la sección provincial de la Industria Alimentaria en Sancti Spíritus no tiene pérdidas, celebró Díaz Acosta. La salva su alianza con los «nuevos actores económicos» (el sector privado), que le permite elaborar otros productos: una barra de pan que se vende en establecimientos estatales a 75 pesos, además de masas para pizzas y palitroques.

De esa manera, explicó el dirigente, Sancti Spíritus le ahorra al país 39 millones de pesos. Es la única entidad de su tipo en el país que puede jactarse de una contribución de ese calibre, pese al bloqueo de EE UU y a las mil y una escaseces que atentan contra la «empresa estatal socialista», remachó Díaz Acosta.

El funcionario también reconoce que, mientras la producción estatal pende de un hilo, los privados siguen ofreciendo pan a sus clientes, contra viento y marea. Eso sí, a precios prohibitivos para la mayoría de los espirituanos. Esta situación no atormenta a Díaz Acosta, que, pragmático, afirma que «es mejor tener la oferta a que no exista».

La debacle de la producción de pan es tan alarmante en Cuba, que la propia prensa oficial ha analizado en varias ocasiones las posibles vías para resolverla, sin dar nunca con un método satisfactorio.

Cada nuevo artículo queda obsoleto en pocas semanas, pues la inflación no tarda en subir el listón de precios un poco más. Tanto, que muchos cubanos ya no están a la «altura» de lo que, como los huevos o la carne, amenaza con convertirse en un artículo de lujo.

Mientras, los espirituanos se han habituado a las soluciones «originales» de la empresa de la industria alimentaria, que a finales del año pasado –en medio de la enésima crisis del trigo– había consentido que las panaderías usaran hasta un 20% de residuos del descascarado de arroz para elaborar pan.

El pan de fin de año no será, como entonces, duro y agrio, pero tampoco servirá para matar el hambre.

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