Vlada Tomova, una golondrina viajera

Vlada Tomova, una golondrina viajeraLA HABANA, 9 ago. (Texto: Giovanni Martínez y Yanelys Hernández Cordero) La cantante y compositora, nacida en Bulgaria, convive con sus ancestros de los Balcanes en su arte, y aunque radica en Nueva York desde hace más de veinte años, nunca ha dejado atrás sus raíces. La música parece brotar del alma para tejerse en una suerte de fusión, al igual que su vida, nutrida de andares.

Nuevamente echó a volar hasta nuestra capital, después de que lo hiciera por los días del Havana World Music, para anidar esta vez en la Nave 3 de la reabierta Fábrica de Arte Cubano (FAC). Allí le esperaba una audiencia entendida de su arte, y también algunos distraídos que no pudieron evitar quedarse atrapados en las melódicas redes del proyecto que Vlada encabeza, Balkan Tales.

Los presentes disfrutaron de un performance cautivador allende las hermosas vocalizaciones, pues el estilo gitano, la danza y otros elementos como la fotografía, se complementaron en escena.

Vlada expresó su sentir entre canciones, dijo estar maravillada “por visitar de nuevo este hermoso lugar”, y al referirse a nuestros artistas, expresó cuanto le impresiona “el talento que hay en esta pequeña Isla”.

Precisamente, respecto a su interés por la Mayor de las Antillas confiesa al equipo de Havana Live:
“Hace unos tres años vine por primera vez, ya que la Isla de la Libertad se había vuelto más accesible para los norteamericanos. La curiosidad empezó a carcomer y pronto compramos los pasajes para un descanso musical en familia. No tenía idea de que esto abriría una nueva y emocionante página en mi vida.

Lo que más provoca mi interés por Cuba es su extraordinaria gente. Me ha sorprendido el increíble talento, la espontaneidad, la alegría de vivir y la franqueza; su asombroso deseo de relacionarse y compartir, de saber algo de ti.

En cada una de mis visitas he ido conociendo nuevas personas y colegas; que enseguida comenzaron a convertirse en buenos amigos; y las invitaciones y propuestas de colaboración, así como los conciertos, se sucedían unos tras otros, cada vez con más emotividad. Es difícil negarse cuando te reciben con tanto amor y con el corazón abierto, y sientes que, aunque a veces no entienden el idioma en que cantas, de cierta manera captan tu más profunda esencia. La cálida y entusiasta acogida que encuentra mi música aquí es absolutamente contagiosa y adictiva. Y… “amor con amor se paga”.

Y aunque ha actuado en algunos de los mejores sitios de Nueva York, como Symphony Space, Joe’s Pub, The Public Theater, Irving Plaza, BAM Café, Satalla, S.O.B. y Galapagos Art Space; y realizado giras por Norteamérica, Sudamérica y toda Europa, refiere que “el diálogo musical que sostengo con mis colegas en Cuba es irrepetible – tan espontáneo, provocativo y abrasador.

Sin embargo, Cuba es también un lugar muy difícil. Los desafíos que encuentras en el camino hacia aquí pueden crucificarte y someterte a las pruebas más fuertes: anímicas, físicas, psíquicas y emocionales. Pero como dice el refrán, “lo que no nos mata, nos hace más fuertes”. ¡Después de mi última visita a La Habana comencé a afirmar que la famosa canción a Nueva York – “If you can make it there, you’ll make it anywhere” –  “Si lo puedes hacer allí, lo harás en cualquier lugar” – está escrita para la ciudad equivocada! La Habana y Cuba realmente te ponen a prueba”.

Como expresó en la FAC, sentir que se levanta vuelo a veces no es sinónimo de alegrías para alguien que deja atrás su tierra. Sin embargo, como buena golondrina siempre esperamos que encauce su vuelo hacia La Habana, cálida ciudad para su regocijo, donde el buen arte siempre es bienvenido.

El tema de la emigración te ha marcado, se nota en tus canciones e incluso fuera de ellas, ¿qué similitud o relación hay entre Cuba y las personas que como tú se van a otro sitio?

“Viajo desde pequeña, nací en el seno de una familia internacional y comoquiera que sea, viajar ha sido para mí una parte natural de la vida. Considero que el tema de la emigración es mundial en la actualidad.

Una inmensa cantidad de personas vive lejos del lugar donde ha crecido. En Bulgaria, por ejemplo, no hay una familia en la cual un miembro, y con frecuencia, todos los de la generación más joven, no esté en el extranjero. Este desdoblamiento es muy duro, una verdadera prueba –tanto para los que se van, como para los que se quedan.

En Cuba el deseo de la gente por viajar y conocer el mundo es tan fuerte, que me parece que en estos momentos se ha convertido en una idea fija. Le deseo a cada cual que tenga la posibilidad de viajar: es una vía inapreciable de desarrollarse y adquirir sabiduría. Ser emigrante, sin embargo, es un reto que, para bien o para mal, te obliga a conocerte a ti mismo y a los demás mucho más profundamente.

Para mí, es la respuesta más poderosa a la pregunta existencial de ¿quién soy yo; por qué estoy aquí; qué me relaciona y diferencia de los demás; cómo vivir mejor y más auténticamente; cómo enlazar esta parte de mí como ciudadano del mundo, con mi pertenencia nacional; cómo unificar mi pequeña/grande familia?Vlada Tomova, una golondrina viajera

Cuando vives y trabajas unos cuantos años lejos de tu patria, comienzas a sentir desde lo profundo muchas cosas sorprendentes – de pronto tus raíces te remuerde la conciencia y comienzan a tirar de ti, imprevisiblemente.

El mayor desafío y descubrimiento es encontrar un balance: conocer el ancho mundo, tomar para ti lo mejor y útil de él; no perderte. Difícil tarea, difícil balance, porque él mundo cambia constantemente y provoca también fuertes emociones, que para mí con frecuencia se vierten en canciones”.

Vlada se graduó en el Berklee College of Music de Boston pero ha continuado superándose a sí misma: ha presentado investigaciones sobre el canto de los Balcanes y la apreciación de la música mundial en la Universidad de Columbia, y el Colegio de Música de Berklee. Su canción Meboli fue MP3 of the Week de Time Out NY en marzo de 2005. Además, Vlada aparece en bandas sonoras de películas y ha escrito música para cortometrajes y para el popular programa infantil Dora la exploradora.

Eres una artista muy completa, tus performances van acompañados de danza, fotografía, ¿te consideras una cantante de qué estilo o género? Trato de no limitarme a géneros o estilos concretos, sino a seguir orgánicamente mi deseo de expresarme.

Me hago la pregunta: “¿De qué mejor manera puedo transmitir mis estados de ánimo y mis pensamientos – exactamente a este público y en este lugar?”

Y es por eso que los medios de expresión y, a veces, mi repertorio son distintos. Canciones que son interesantes, conocidas y conmovedoras en Bulgaria, son acogidas  de diferente manera en EEUU o en Canadá, y de otra forma en Francia, Brasil o Cuba.

Durante años ejecuto mis arreglos de viejas canciones folclóricas búlgaras, esto es una expresión muy propia del camino de mi vida, y de mis sentimientos lejos de la patria. Por esas creaciones a menudo me definen como intérprete al estilo “world music”, donde utilizó también elementos del lenguaje del jazz; por ejemplo, la improvisación. Recientemente me descubro escribiendo cada vez más canciones de autor.

Nacen en distintos idiomas: inglés, búlgaro, ¡y las últimas aparecieron incluso en español! En su estilo son modernas, pero con frecuencia utilizo instrumentos no comunes o clásicos, que añaden un particular matiz al sonido. ¡Dejo a la inspiración que fluya a través de mí, sin dirigirla, sólo grabó! Si el resultado nos gusta a mí y al público, eso es lo más importante.

¿Cuáles son tus influencias musicales?
Me gusta diversa música: depende del estado de ánimo, desde la clásica hasta el pop. Me gusta la música de distintas regiones del mundo; sobre todo, si tiene ritmos interesantes y especial sonido, lo mismo de la voz que de los instrumentos.

Los maestros del jazz ejercieron gran influencia  sobre mí, especialmente los instrumentistas; los maestros de la música y el canto brasileños; los estilos como el fado, el flamenco, el afro-pop, creadores modernos de India, Irán, Líbano, los Balcanes, que emplean su música tradicional de forma refinada y, naturalmente, la música cubana, que lleva en sí una increíblemente rica amalgama de influencias mundiales. Ninguno de nosotros ha huido de la influencia de la música popular – ¡no hay manera! En mí se hace evidente en las nuevas canciones.

Su voz se escuchó en la exhibición itinerante de National Geographic King Tut. Durante los Juegos Olímpicos de Invierno en 2006 se le oyó en un cubo de sonido 3D, ubicado en el corazón de un pueblo cerca de Torino, Italia. En 2003 fundó el primer coro de mujeres búlgaras de Nueva York, Yasna Voices, el cual dirige hasta estos días pero está cocinando nuevos proyectos, muchos de ellos ligados a Cuba.

¿Qué sigue para Vlada Tomova?
Espero la edición de mi nuevo álbum con canciones de autor, grabado entre Sofía y Nueva York, y las últimas grabaciones es posible que sean realizadas en La Habana, con músicos búlgaros, americanos y cubanos.

Igualmente adoro el proceso de creación de videoclips. El año pasado de manera totalmente espontánea rodamos en La Habana el clip sobre mi nuevo single Sing Out Loud, que saldrá este otoño. Estoy esperando la creación de otros dos audiovisuales. Uno de ellos está previsto que sea rodado con un equipo internacional en Cuba y estoy planificando rodar el segundo en distintos lugares del mundo.Vlada Tomova, una golondrina viajera

Desde hace un año estamos colaborando con un grupo de músicos y bailarines en La Habana, con los cuales grabamos juntos unas cuantas canciones. Pienso que sorprenderá mucho a mis admiradores con mi nuevo sonido, marcado por ritmos cubanos.

Para Vlada, Bulgaria y Cuba tienen muchas similitudes: las dos son países pequeños, de radiante y fuerte cultura, que con frecuencia atrae un gran interés en el extranjero, e incluso representa un tipo de “producto de exportación”. Tenemos una naturaleza hermosa y diversa, contenida en un área pequeña; un pueblo cálido, alegre; especialistas bien preparados, que son valorados en todas partes. Quizás por eso se ha sentido atrapada por una Isla que como golondrina siempre ela verá volver.
Fotos: Hugo Ruiz Toranzo