Viejas motos alemanas,en las calles de La Habana

  havana-live-motos-alemanLA HABANA,28  Noviembre  Roberto Quintero volvió a sacar hace unos días su moto del garaje. Una Simson, fabricada en Alemania Oriental, y un regalo que recibió en Cuba en los años 90, cuando el bloque socialista se desplomaba en Europa.

El ciclomotor del modelo conocido coloquialmente como “Mokick” en alemán está todavía en buen estado. Quintero, un ingeniero para transporte marítimo de 68 años la usó ese 11 de noviembre para ir a un encuentro en el centro de La Habana con viejos amigos y conocidos que, al igual que él, se formaron en la extinta República Democrática Alemana (RDA).
El Estado germano del este dejó de existir entre tanto hace casi un cuarto de siglo, pero en países de la antigua “fraternidad socialista” como Cuba parece a veces aún vivo, más que en la Alemania actual. La isla caribeña, conocida en todo el mundo por sus viejos “oldtimer” estadounidenses de los años 30 ó 40, también tiene otro tipo de “clásicos”: las motos fabricadas en la antigua RDA.

Sobre todo la marca MZ abunda en ciudades como La Habana o Santiago de Cuba, donde junto a motocicletas como la checa Jawa, caracterizan a un parque automotor único en el mundo, en el que los autos Chevrolet u Oldsmobile norteamericanos de comienzos del siglo XX conviven con los Lada o Moskvitch rusos.
Las motos fabricadas antiguamente en el estado germano de Sajonia son populares en Cuba. Hasta los 90 llegaron miles de ellas de distinta manera a la mayor de las Antillas. Alrededor de 1,000 cubanos viajaron desde comienzos de los 60 y hasta finales de los 80 a estudiar en la RDA, otras decenas de miles participaron también en programas de intercambio y de formación.havana-live-LAS_VIEJAS_MOTOS_ALEMANFueron más o menos unos 20,000, estima Manuel Torres, un ingeniero especializado en logística que se formó en Dresde y que publicó hace unos años el libro de investigación “La RDA en Cuba”. Muchos de esos cubanos trajeron luego las motos a Cuba. Hoy, muchas de ellas se utilizan incluso para el transporte público.

“Ésta la trajo mi papá, de cuando estuvo ahí en misión”, cuenta por ejemplo Jorge en el barrio de La Palma, en la zona sur de La Habana. Su padre estuvo en los 80 durante varios años en la RDA. La MZ 250 que heredó Jorge, fabricada en 1983, es un recuerdo de esa época. “Trajo ésta y una en piezas”, cuenta Jorge, que prefiere no decir su nombre completo.

La moto la usa él ahora como taxi. En una jornada puede llevar a entre 10 y 15 personas, asegura, por un viaje sencillo cobra más o menos un dólar al cambio. Su MZ está reluciente. Lo más difícil suele ser conseguir las piezas de repuesto para modelos que ya no se fabrican desde hace años en Alemania. Los propietarios cubanos compran a menudo piezas adaptadas chinas, muchas veces en Miami, donde vive la principal colonia del exilio cubano en Estados Unidos.

En la parada de La Palma donde Jorge suele esperar pasajeros pueden llegar a trabajar en un día hasta unas 40 motos entre MZ alemanas y Jawas checas, pese a que ese tipo de servicio particular no está oficialmente autorizado en ese barrio habanero. En Santiago de Cuba, ubicada en el este de la isla, las mototaxis tienen en cambio una licencia para operar.
“La Habana es una ciudad más cómoda para omnibuses”, explica Wilmenes Obregón, propietario de una MZ en la segunda ciudad de Cuba, con muchas más colinas que la capital. Las motocicletas sirven mejor para llegar a los “lugares de difícil acceso” en Santiago, dice. Obregón, de 57 años, se formó como tornero en Magdeburgo, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt. La MZ la compró en 1982.

“Con la moto he trabajado toda la vida”, cuenta. Obregón estima que el número de motocicletas en Santiago debe rondar al menos las 16,000, y que de ellas hasta la mitad podría ser de fabricación alemana. “Se ha hablado de la cifra más alta (de motos) del país”, asegura. Santiago puede ser vista en cierta forma como la capital de las MZ alemanas en Cuba. Para Roberto Quintero, su Simson de 1983 fue un cambio un regalo especial.

“Mis amistades alemanas me la mandaron para el “periodo especial, para poder ir a ver a mi hijo a Varadero”, dice. “Eso fue algo excepcional”, recuerda. Quintero estudió en Dresde, en Sajonia, y volvió años más tarde para hacer su doctorado en Rostock, norte de Alemania, cuando en la isla empezaba la dura etapa conocida como el “periodo especial”.

El colapso de la Unión Soviética y el bloque socialista puso a Cuba entonces al borde del colapso económico. Con la Simson pudo en esa época ir hasta dos veces al mes a visitar a su hijo, que vivía con su madre cerca de Varadero, unos 140 al este de La Habana. Su hijo Rainer, de 25 años, conduce ahora a menudo él mismo la moto en el barrio habanero de Santos Suárez. havana-live-motos-aleman
http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article4176892.html