Testimonio de una mujer símbolo

Testimonio de una mujer símboloLA HABANA, 11 apr. (Por Isely Ravelo Rojas)  Soy la mujer mito que, fruto de un amor fiel, desafió al tiempo. Miro al horizonte desde el siglo XVI tras la partida de mi Carlos I hacia la Florida.

Lejos de ocuparme de las obligaciones del gobierno, pasé tres años en lo más alto de la torre del Castillo de la Real Fuerza dando tiempo al tiempo. Lo esperé… lo esperé sin sospechar que había muerto en el río Mississippi, víctima de una fiebre mortal, el 30 de junio de 1540.

Pasó un siglo y por obra del escultor habanero Jerónimo Martín Pinzón, sirvo de vigía a la ciudad maravilla. Soy la mujer veleta que con un medallón en el pecho, corona y una saya recogida a la altura de mis rodillas evoco a la Giralda de Sevilla.

Soy la fémina con la piel de bronce. Resumo la leyenda, el misterio y desafío, de la esposa ferviente. Permanezco de pie, en mi mano diestra llevo una palma y en la otra la Cruz de Calatrava. Soy una remembranza de las facciones de la mujer española aunque mi casa, desde la altura, ha sido siempre esta isla del Caribe.

Durante siglos, soporté los fuertes vientos, la lluvia y los días de sol imponente hasta que fui arrancada del pedestal en 1926 por causa de un huracán. Hoy estoy a buen resguardo en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales mientras una réplica de lo que soy, de un metro y diez centímetros aproximadamente, ocupa mi lugar al aire libre.

La historia no acaba aquí, en Cuba, represento el premio a la Calidad de la Gestión Empresarial y nombro restaurantes habaneros; mientras en Asturias, soy un baile popular.
Soy Doña Isabel de Bobadilla y Peñalosa, la legendaria Giraldilla habanera.