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Ni prostitutas ni mendigas, ‘habaneras’

Habaneras en el Casco Histórico. (A. ZAMORA)

Habaneras en el Casco Histórico. (A. ZAMORA)

LA HABANA, 4 sept. (DDC) Los llaman “costumbristas” y son todos esos personajes pintorescos que recorren las calles de La Habana Vieja: estatuas humanas, perritos con gafas y sombreros, y “Habaneras”, mujeres con llamativos vestidos de colores, cestas de flores y labios muy rojos que son únicas.

Su trabajo es caminar las plazas del Centro Histórico para que los turistas se tomen fotos con ellas. “Les encanta que les demos besos, para salir en la foto con los labios rojos marcados en la cara”, asegura una de estas mujeres.

El pago lo reciben de los propios turistas, generalmente 1 CUC por foto, aunque algunos les dan más. Con estas ganancias pagan a la ONAT su licencia de cuentapropistas, la Seguridad Social y el permiso que les otorga la Oficina del Historiador para trabajar en las calles de La Habana Vieja.

“Son 240 pesos para la Oficina del Historiador, 150 para la ONAT y 200 y pico cada tres meses para Seguridad Social”, detalla una de ellas. “Y también tenemos que pagar los trajes que usamos, que son bastante costosos, el maquillaje y las flores, que están carísimas en las tiendas”.

Las Habaneras comenzaron a aparecer hace unos 25 años, cuando todavía no existía licencia para este tipo de oficio. Más tarde, Eusebio Leal, historiador de la ciudad, decidió aprovechar el tema y creó el permiso que las llevó a legalizar su estatus como trabajadoras por cuenta propia. Algunas de las iniciadoras todavía ejercen, y con el tiempo mujeres jóvenes se han sumado.

“La Oficina del Historiador no nos paga, no es como si fuéramos trabajadoras de ellos”, dicen. “Pero nos dio la oportunidad de hacer nuestro trabajo legalmente. También tenemos un sindicato y una oficina que nos atiende a todos los costumbristas”.

Hay Habaneras en todas las plazas del Centro Histórico: en la Plaza de Armas, Plaza Vieja, San Francisco y la Catedral, lugar donde trabajan las que más años llevan en el oficio.

“Es un trabajo como otro cualquiera”, dice una de ellas. “Pero lleva su arte, porque estás haciendo un personaje con sus características”.

Para los capitalinos, se han convertido en parte del paisaje cotidiano; sin embargo, no todos las ven de la misma manera. La mayoría de las Habaneras creen que son miradas como una competencia no deseada por los guías turísticos.

Popy, a 14-year-old dog, enjoys the ride as his owner Abel cruises around Havana June 13, 2013. REUTERS/Enrique De La Osa (CUBA)

Popy, a 14-year-old dog, enjoys the ride as his owner Abel cruises around Havana June 13, 2013.
REUTERS/Enrique De La Osa (CUBA)

“Cuando los extranjeros vienen solos, siempre se nos acercan para tirarse fotos”, cuenta una joven Habanera. “Cuando vienen con guía es más difícil, porque ellos tratan de que no se nos acerquen. Algunos les dicen que no nos paguen, o que nos paguen menos de lo que pensaban. A veces el mismo guía saca dinero de su bolsillo para que el extranjero no lo haga”.

Otra Habanera asegura que los guías les dan propaganda negativa con los turistas. “Les dicen que somos prostitutas, que nos gusta separar a los hombres de sus mujeres y ese tipo de cosas. Todo eso es mentira, somos trabajadoras como todos los demás costumbristas, no somos prostitutas ni mendigas”.

“Es que los guías son gente que han estudiado para hacer el trabajo que hacen, y es muy duro que venga una mujer disfrazada y gane hasta más que ellos”, opina Eduardo, trabajador del Centro Histórico.

Esta opinión no es compartida por todos. “Es verdad que los guías han estudiado mucho, pero ninguno de ellos es capaz de montar un personaje y salir a la calle a actuar delante de todo el mundo el día entero. Cada cual tiene su talento. Lo que pasa es que el cubano se ha vuelto muy envidioso, le molesta que el de al lado se gane la vida también”, dice Yudet, una joven estudiante.C349F0BC-47B4-42FC-A43A-CFD723F139C8_w610_r0_s“Para mí es racismo, porque la mayoría de las Habaneras son negras o mulatas”, opina Helen, quien trabaja en Turismo.
“Ellas trabajan con extranjeros y, si alguna se casa con uno, entonces todo el mundo piensa que es la confirmación de que era prostituta. Pero si una guía turística blanca se empata con un extranjero que conoció en su trabajo todo el mundo piensa que es normal. Me parece muy injusto”.

De cualquier manera, las Habaneras ya han tomado La Habana y no hay quien las saque. El Centro Histórico es tan suyo como de cualquiera y no pocos turistas, hombres y mujeres, van a buscarlas para llevarse una foto.

“Nuestro trabajo tiene el apoyo de la Oficina del Historiador. Los demás, que piensen lo que quieran”, dicen ellas.