Supreme: ¿quién dicta la moda en Cuba?

Supreme: ¿quién dicta la moda en Cuba?

Foto:Supervivo

LA HABANA, 5 Julio (Por: Alberto C. Toppin) Histórica y simbólicamente, los ingleses tomaron a La Habana dos veces. La primera fue en 1762, justo antes de que el fin de la Guerra de los Siete Años reconfiguraron el mapa político mundial.

La segunda ocurrió entre el 2012 y el 2013, cuando la bandera británica –pegada a pulóveres, bolsos, zapatos y a cuanto aditamento fuera posible adherirse–fue más constante que л. Ahora es el turno de los estadounidenses, y ya tienen embajador: Supreme.

En los últimos días, encontrarse el logo de la marca neoyorquina en La Habana es tan común como ver la cúpula del Capitolio desde cualquier callejuela del Centro Histórico. Cientos de gorras, pulóveres, camisetas y zapatos son los nuevos turistas sobre los cubanos de siempre, con la típica palabra blanca sobre la franja roja.Como un embalse que no ha podido contenerse mucho más. Como la mismísima furia del oro.

La cuestión no es afilar los cañones contra los norteamericanos ni mucho menos con una de sus miles de líneas de vestuario, como se hizo alguna vez. La moda Supreme tiene un trasfondo de crisis en varios sentidos que nos toca de cerca desde hace varias décadas y que nadie sabe cuándo acabará.

Buscando en La Chopi, encontré algunas ofertas Supremísticas. La más barata fue un pulóver de 10 CUC;la más cara, y también la más dudosa, fue un par de zapatos blancos (50 CUC), en coproducción con Nike. Dudosa porque, con una identidad diseñada por Barbara Kruger –artista conceptual que es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias–, resulta curioso que Supreme se aliara con esta otra marca para lanzar un ejemplar de lo que llevan produciendo, entre otras cosas, hace 24 años: zapatos deportivos.

Es obvio que muchas de las piezas que se venden a estos precios no son lo mejor de la casa –si es que realmente son de la casa–, por mucho que en Cuba se pongan en el mostrador como el último grito de la moda.

Deberían entenderse mejor como la moda cubana muriendo a gritos, como el ceda el paso a lo foráneo en detrimento de lo nacional. Más allá de algunas guayaberas, la producción nuestra de ropa no pasa por el mejor momento, y los pocos que logran sobresalir no cuentan con toda la promoción posible, en ocasiones porque no han logrado insertarse en los nuevos mecanismos de distribución de contenidos como mismo lo hace un revendedor privado de zapatos Converse, Vans o crema de afeitar Edge.

Y en las tiendas estatales también reina lo importado, ya no cabe dudas, con mucha menos calidad que lo revendido en los portales de Carlos III.

Mientras que la gente busca sobresalir con Supreme, lo que realmente hace es entrar a una masa compacta de falta de identidad. En un trabajo sobre la moda en Cuba, The New York Times afirma que la falta de propuestas y la poca solvencia económica han hecho que casi todos nos vistamos igual.

Definitivamente, Supreme, o más bien su oleada, es un fenómeno tan cíclico como mismo lo es el uso del camuflaje y los estampados. Sin embargo, mundialmente lo que se reciclan son los estilos, no las marcas.
En Cuba parece que es diferente, pero con una distinción: la marca de esta temporada, desconocida hasta entonces, no será la de la posterior. Si no, pregúntese en qué parte del escaparate cubano están hoy los pulóveres Aéropostale.