¿Quién puede estudiar música en Cuba?

 havana-live-escuela-musicaLA HABANA, 9 oct. (DDC) La enseñanza de música es considerada por casi todos como la más cara de las  enseñanzas artísticas. Solo la adquisición de un instrumento musical puede ser un reto para los cubanos que quieran aprender. Mantenerlo en buen estado es otra dificultad constante.

Este año lectivo, el Centro Nacional de Escuelas de Arte ha abierto una nueva escuela de música en Mayabeque, la Arístides Hernández Soto (Tata Güines), que incrementa en 28 el número de estudiantes de la especialidad. Sin embargo, aumentar la matrícula en las escuelas ya existentes en La Habana no parece una posibilidad cercana.

“Hay que ver la cantidad de niños talentosos que se presentan a las pruebas que hacen las escuelaselementales para captar alumnos en los municipios”, dice Yiliam, profesora en una escuela de música. “Pero solo podemos aceptar unos pocos, los que más destaquen”.

Según una profesora de la escuela Paulita Concepción, del Cerro, la matrícula depende de la cantidad de instrumentos con los que cuente el centro.

“Debemos tener un instrumento para cada alumno. Si ellos tienen el suyo propio no influye en la matrícula. La escuela está obligada a proporcionar el instrumento a sus estudiantes”.

La dificultad para conseguir los instrumentos por parte de las escuelas se achaca al embargo.

“Aunque estamos acostumbrados a que el bloqueo sea la justificación para todo lo que no funciona bien, en este caso es cierto”, opina Mercy, madre de una estudiante de violín. “Los instrumentos se encarecen, sobre todo en la transportación hasta Cuba. Pero que eso sea cierto no quiere decir que no haría falta una mayor voluntad del Gobierno para invertir en esto”.

Para Mercy, la cuestión no es solamente comprar los instrumentos en el extranjero, sino promover su fabricación nacional.

“Hasta ahora no he visto que se promueva la formación de luthiers cubanos”, dice. “Es verdad que nunca ha sido un oficio mayoritario en Cuba, pero existía, y es un conocimiento que se está perdiendo porque no hay voluntad oficial para hacer que se transmita y se aprenda. El único taller de luthiers que existe con apoyo estatal es el que está en la Plaza Vieja, que es el que brinda servicio de reparación a los conservatorios, y es una iniciativa de la Oficina del Historiador”.

La cantidad de maestros es también un problema que limita la matrícula en la enseñanza de música. “La mayoría de los graduados quiere tocar, no dar clases”, dice la profesora de Paulita Concepción. “Ser maestro de cualquier cosa no es un trabajo fácil ni bien pagado y, como los niveles de educación formal están por los suelos, los alumnos, y sobre todo los padres, son cada día más difíciles de tratar”.

¿Cuánto cuesta un instrumento?

Adquirir instrumentos propios es imposible para muchos de los estudiantes, por los precios y por la variedad del abastecimiento.

En la tienda estatal de Artex, ubicada en el boulevard de San Rafael, una guitarra cuesta 116.70 CUC, un saxofón 898.15 CUC, una trompeta 282.55 CUC, un contrabajo 1.085.60 CUC. Hasta lo que parece más simple, unas maracas, cuestan 52.50 CUC.

En cuanto a instrumentos como el oboe o el violonchelo, el vendedor asegura: “Nunca hemos tenido en venta ninguno”.

“Si quieres comprar un oboe, lo tendrás que conseguir de uso”, afirma Mercy. “O encargarlo a alguien en el extranjero para que te lo traiga nuevo. Es lo que hace la mayoría de la gente”.

Por el momento, La Habana cuenta con cuatro escuelas de nivel elemental: Alejandro García Caturla, en Marianao; Guillermo Tomás, en Guanabacoa; Paulita Concepción, en el Cerro, y Manuel Saumell, en el Vedado.

Para la enseñanza media el número disminuye a tres: la misma Guillermo Tomás, la Amadeo Roldán, en Centro Habana, y la Escuela Nacional de Arte (ENA).

“Es normal que haya menos escuelas de nivel medio”, opina la profesora Yiliam. “Muchos alumnos cuando terminan el nivel elemental deciden estudiar otra cosa”, explica.

Para el nivel superior solo existe una escuela, el Instituto Superior de Arte (ISA). “Y la mayoría de la gente que llega allí prefiere el curso para trabajadores, porque ya están tocando profesionalmente”, apunta Yiliam.

Los profesores particulares, una segunda vía

¿Y qué ocurre con todos esos niños que no alcanzaron cupo en las estrechas matrículas de la enseñanza elemental?

“Tienes que pagar profesores particulares, que muchas veces son los mismos de las escuelas en horario extraclase”, dice Ana, madre de un estudiante de nivel medio de piano.

“Mi hijo entró en nivel medio después de haber ‘quemado’ todo el contenido elemental con una profesora particular”, cuenta. “Tienes que pedir una prueba de nivelación y hay una comisión que decide si te la da o no. En mi caso, el niño iba avalado por su profesora particular, que es una maestra reconocida. Ningún maestro así avala a nadie que no considere preparado”.

En estos casos, la enseñanza artística cuesta mucho más cara a los padres.

“Es el piano, que lo mandamos a comprar al extranjero, más todos los años de clases particulares, más el transporte del niño a la casa de la profesora todos los días y así”, dice Ana.

“Es verdad que las escuelas elementales hacen pruebas de captación en los municipios y, en teoría, pueden acceder a la enseñanza niños de todos los niveles sociales, pero mantener una carrera así cuesta sacrificio y dinero que no todo el mundo tiene”, considera Ana.

“Hay niños con mucho talento, pero la familia nunca puede pagar para que tengan instrumento propio y muchos dejan la carrera por eso. Es verdad que las escuelas se preocupan y hacen todo lo posible por prestarles un instrumento y todo, pero no todas pueden darse el lujo de ayudar”, añade.

“Algunas están patrocinadas por la UNESCO, como el conservatorio de Guanabacoa, pero otras se están cayendo a pedazos. En fin, que la música seguirá siendo una carrera exclusiva, para gente con dinero, por mucho que se quiera socializar”, concluye.