¿Por qué la ley de derechos de los animales sigue pendiente en Cuba?

 ¿Por qué la ley de derechos de los animales sigue pendiente en Cuba?

LA HABANA, 14 de diciembre (HT) Parecerá contradictorio, pero estuve muy contento de encontrar una publicación en Facebook que denunciara el abuso al que fueron sometidos algunos cachorros de león en el zoológico de Camagüey.

Por supuesto que estaba triste por estos animales y mi ciudad, pero mi felicidad vino de la larga lista de comentarios y diálogos sobre estas fotos.

La mayoría apelaba por la necesidad de aprobar una ley de protección de los animales, otros agradecían la queja pública y abogaban por una campaña al respecto, mientras que otros expresaban sus ideas y ofrecían posibles iniciativas.

En Cuba, hay mucho por resolver en términos de la calidad de la vida humana, así como los errores que podrían estar a punto de convertirnos en todos bárbaros.

Hablando en general, los humanos hemos olvidado que también somos animales, lo que nos diferencia (notablemente, no lo dudo) nos hace poderosos y dominantes. Las teorías sobre el especismo definen un fenómeno como la discriminación por motivos de especie.

“Por analogía con el racismo y el sexismo, el término” especismo “es un prejuicio o actitud de parcialidad en favor de los intereses de los miembros de la propia especie y en contra de los miembros de otras especies”, se puede escuchar en la voz de Joaquin Phoenix, quien narra el documental Earthlings, que se estrenó en 2006.

Con el objetivo de denunciar prácticas especistas que no figuran como una forma de discriminación para muchos debido a la normalización de estas prácticas, el documental muestra cómo nuestra especie “usa” otras especies animales y defiende la tesis de que “dado que todos habitamos” la Tierra, todos nosotros somos considerados como terrícolas. No hay sexismo, ni racismo ni especismo en el término terrícola. Abarca a todos y cada uno de nosotros, de sangre fría o caliente, mamíferos, vértebras o invertebrados, aves, reptiles, anfibios, peces y humanos por igual “.

En Cuba, ya se ha convertido en un desafío hacer que la persona que está junto a usted se dé cuenta de que somos la misma especie. La “lucha”, la “clasificación”, el avance avanzando con codacidad se ha convertido en algo cotidiano en nuestro país.

Sin embargo, todavía hay personas que quieren impulsar una revolución para los derechos de los animales. ¿Por qué no hay leyes en Cuba que protejan a los animales? ¿Por qué los veterinarios no tienen permiso para administrar medicamentos recetados? El Estado ha alentado la formación de veterinarios, pero ¿cómo es posible que un médico (porque un veterinario es un médico) no pueda dar recetas a sus pacientes (porque un animal enfermo también es un paciente, ¿no?)?

En Cuba, especialmente en La Habana, y más específicamente en las zonas turísticas, se han llevado a cabo varias campañas masivas de desparasitación de perros callejeros. La Oficina del Historiador de la Ciudad ha tomado a los perros de la Habana Vieja casi como parte de este patrimonio que tanto se celebra, y hoy es normal verlos caminando con su identificación, y cada institución en las áreas circundantes ha asumido la responsabilidad de al menos uno de ellos. Pero, ¿qué pasa con el resto de perros en Cuba? Y gatos? ¿Y con los otros animales que tienen mucha demanda en el sector religioso?

Es cierto que hay una tradición profundamente arraigada de amor por los animales en Cuba. Una vez, escuché a una mujer hablar sobre cómo pasó su infancia durmiendo con su chivo; ves jóvenes y ancianos criando palomas y otras aves, pero no puedo imaginar el rostro de esa mujer, como una niña, si hubieran tratado de venderle la cabra para una de estas “ofrendas” que son más negocios hoy que cualquier cosa que tenga que ver con la religión

Y no tiene que abrir demasiado los ojos para saber que el costo mínimo de una paloma es de 100 pesos, y que, incluso los colibríes, sí, este pájaro poco rastreable y pequeño, forman parte de algunos de estos rituales que son hecho normalmente para la religión. “Más de veinte carneros entran a esta casa una semana”, un amigo me cuenta acerca de un vecino babalao (sacerdote de santería) que se dedica a llevar a cabo estos rituales para las personas.

Pero, abro los ojos de par en par cuando escucho la historia sobre la sopa de gato. “Este negocio de la isquemia se cura con sopa de gato”, fue la recomendación de un especialista en el Centro de Rehabilitación para otra amiga, una vecina que estaba preocupada por la enfermedad reciente de su abuela, “La sopa de gato, hija mía”.

Asombrado y sospechando que podríamos haberlo aprendido durante la crisis del Periodo Especial, cuando no había un perro o un gato en la calle a pesar de que muchas familias tenían que dejar a sus mascotas porque no tenían comida para compartir. También pienso en las pestañas que recibe un caballo y cómo lloran, como los niños, cuando se las sacrifica, porque dicen que su carne es buena para aumentar la hemoglobina en la sangre.

No tengo mucho espacio para discutir el conflicto vegano porque creo en la cadena alimentaria; y porque mi abuelo, que dejó de ir a los corrales por pelear gallos un buen día, no me dejó nombrar al nuevo lechón que compramos para engordar y luego asar al final del año; y porque ya es difícil comer algo que no sea pollo o cerdo, sin mencionar el precio de las frutas y verduras.
Pero, hago un llamado a todos nosotros para que recordemos que todos somos terrícolas, como dice el documental y me lanzaré a la campaña que debe redactarse para que estos temas se estudien más de cerca.

Es por eso que voy a señalar un comentario específico que provocaron las fotos que mencioné al principio: “Cuba necesita darse prisa y aprobar una ley de protección animal […] y adaptarse a la demanda mundial que prohíbe el uso de animales en espectáculos.