Peluquero privado abre una escuela en La Habana

 havana-live-peluc eriaLA HABANA, 18 Junio  (AFP) Gilberto Valladares, un próspero “cuentapropista” de La Habana Vieja, ha incursionado en lo que en los países capitalistas se llama “responsabilidad social empresarial” y ha ayudado a mejorar el rostro de su barrio, reporta la AFP.

Conocido popularmente como “Papito”, Valladares dejó su empleo en una peluquería del Estado para convertirse en trabajador privado. Ahora posee uno de los salones de belleza más populares de La Habana, pero mientras otros destinan las utilidades a hacer crecer el negocio o a darle mejor vida a su familia, Papito gasta parte de sus ganancias en procurar el bienestar de otros miembros menos favorecidos de su comunidad, según la agencia.

“Siempre digo que el momento histórico de comprometer a los emprendedores con la sociedad es ahora”, dijo Valladares, de 45 años, en la escuela de peluquería que abrió este año y que financia.
En la pequeña escuela, gratuita, hay media docena de alumnos. Eran 15 al comienzo, pero las exigencias académicas y la necesidad de ganarse la vida han provocado deserciones, explicó.

“Me enteré por unos vecinos que había un curso de peluquería de Papito y me integré. Esto marcó un cambio en mi vida”, dijo Lilian Nargoyes, de 18 años, quien espera algún día abrir un salón de belleza en su casa. Los alumnos, que estudian durante un año, tuvieron algunos meses de clases teóricas, pero ahora practican cortando gratuitamente el cabello a gente del barrio.

“Hace tiempo que me corto aquí, me gusta mucho porque es cerquita y es gratis, y nos atienden muy bien”, dijo el anciano Alfonso Ruiz Cepero. En el mundo capitalista, la “responsabilidad social empresarial” es un tema en auge. Muchos clientes prefieren compañías que se involucran con la comunidad y protegen el medio ambiente.

Pero en Cuba, donde el Estado controla desde hace medio siglo casi el 90% de la economía, es algo desconocido. Con apoyo de la Oficina del Historiador, la entidad estatal encargada de la conservación de La Habana Vieja, Papito abrió también un museo de la peluquería y un pequeño parque infantil, con columpios y toboganes con forma de navajas y tijeras.