Norman Foster declara su amor por La Habana

 havana-live-norman-fosterLA HABANA, 28 Septiembre (Europa Press) El arquitecto británico Norman Foster ha subrayado la “fuerte identidad” de la arquitectura cubana de los años 40 y 50, en torno a la cual se generó un gran optimismo porque evocaba la mirada al futuro y las ganas de vivir de la sociedad pasada.

Eso puede justificar, según ha dicho, el resurgimiento de la arquitectura de entonces y el mayor interés por la misma, basado en la creencia de que lo de antes puede enseñar algo a los ciudadanos de hoy.
Foster, Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2009 y galardonado con el Pritzker en 1999, ha vinculado esa misma situación a los vehículos. “Los de hoy son más seguros y silenciosos y gastan menos, pero creo que algo se ha perdido, ahora ya no nos evocan unos tiempos futuros”, ha considerado.

El arquitecto ha participado este domingo en el Hay Festival de Segovia en la presentación del libro ‘Havana Autos and Architecture’ (Editorial Ivorypress), inspirado en sus viajes a la capital cubana y en su fascinación por la relación de este país con los coches clásicos.
El acto, que ha tenido lugar en la Iglesia de San Juan de los Caballeros, ha sido presentado por su esposa, Elena Ochoa, fundadora y directora de Ivorypress, y ha contado con la presencia del periodista Mauricio Vicent, autor del libro; el fotógrafo Nigel Young, y el director de cine David Trueba, quien ha actuado como moderador.

Según Ochoa, esta publicación es un homenaje al libro y a la ciudad de La Habana, así como una “historia de amor” ya histórica e irrepetible, en la que los vehículos lucen matrículas hoy desaparecidas. La arquitectura y los coches de los años 50 se fusionan en él para recopilar y contar la historia de la isla cubana, en la que se da la contradicción de encontrar una ciudad, La Habana, convertida en “museo viviente” del automóvil americano pese a que los embargos a Cuba proceden de Estados Unidos.

“Esto es único, no existe en ninguna parte del mundo”, ha apuntado Norman Foster, fascinado por el espectáculo que ofrecen aún aquellos coches anticuados que pueblan la capital cubana, restaurados una y otra vez “porque no queda otro remedio” y reciclados hasta conseguir aparentar lo que no son.
El británico, que ha llegado hasta San Juan de los Caballeros en un vehículo clásico Hispano-Suiza, cedido por un coleccionista, ha subrayado que los coches marcan estatus dentro del entramado social y son reflejo de la sociedad de consumo. Según ha dicho, están siendo sustituidos por modelos más modernos porque envejecen y quedan obsoletos, una tendencia que no obstante está siendo desafiada en Cuba, en un momento social en que se intentan diluir las diferencias entre los individuos.

Entre el caos y la perfección
Foster se ha mostrado embelesado por otra de las contradicciones que se dan en la isla, donde los últimos coches, junto con las piezas de repuesto, entraron en los años 60.
“Es caótica, pero de ella sale un objeto perfecto”, ha señalado en referencia a la capacidad para hacer salir de un viejo taller un vehículo incluso más perfecto que cuando estaba nuevo. Según Vicent, el parque de vehículos en Cuba supera las 200.000 unidades, un tercio de las cuales son antiguos.

El “increíble” ingenio de los cubanos, que llegan a fabricar piezas en tornos artesanales, ha permitido mantenerlos e, incluso, estos facilitaron que en la época dura de la crisis el país siguiera funcionando, pues sirvieron como transporte público. “Volvemos a la contradicción. El coche del enemigo hizo que el país no se parara en la peor época”, ha apostillado este periodista, partidario de hacer un monumento a un elemento que se ha convertido en una parte esencial de la historia de La Habana.