Mena: La emoción desde lo Abstracto.

Por: Yanelys Hernández Cordero

Abducido por pequeños detalles, Rigoberto Mena Santana cautiva al observador que a través de su obra, viaja. Su expresionismo abstracto es muestra de un talento que emana desde lo irracional, lo intuitivo. Las creaciones, aunque aparentemente caóticas, se presentan balanceadas desde el punto de vista del diseño. Sus inquietudes artísticas brotaron desde la niñez y posteriormente, lo hicieron transitar un corto período por las aulas de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro y graduarse de Diseño Gráfico (1987). Aunque al clasificar su formación profesional la cataloga como “rara”, refiriéndose a sus estudios de ter mo-energética, argumenta que lo que le gustó siempre fue el arte y el tiempo se ha encargado de demostrarlo. Diversas fuentes de inspiración lo han ayudado a conformar su propio idioma.

Del panorama nacional resalta la obra de Julio Girona y fuera de la Isla, identifica como referentes a Cy Twombly, Mark Tobey, Antonie Tapies… Con exposiciones personales en Cuba, Estados Unidos, México, Alemania; y numerosas muestras colectivas en Francia, Santo Domingo, México, Puerto Rico, Alemania (Berlín), Cuba, España (Madrid), Canadá, Estados Unidos (New York), Inglaterra (Londres) y otros; se ha distinguido dentro del movimiento Abstracto. En este sentido ha participado en ediciones de Subastahabana, Bienales de la Habana, Salones de Arte Contemporáneo de Cuba y Ferias de Arte Contemporáneo Internacional. Su obra se encuentra también en colecciones institucionales y privadas, dentro y fuera de la Mayor de las Antillas.

En proceso de desarrollo se encontraba la serie Calles de New York al tiempo de nuestro encuentro con Mena. “Siempre he estado muy motivado con las marcas, dibujos y otros elementos que hay en las calles y paredes de La Habana y otros sitios que visito. Me atraen cosas más bien fortuitas o accidentales, que tienen una gracia, una espontaneidad particular”-nos confiesa. Entre sus variadas series, destaca Memorias deun suicida, realizada en Zúrich, Suiza. El artista revela que “había tanto silencio que me dio por hacer cosas repetidas…” Coincidentemente Suiza y en particular Zúrich, tiene un alto índice de suicidio. Rigoberto supo captar los rasgos de la nación europea dentro de su obra; traspasando así barreras artísticas, emotivas y geográficas.

En su Estudio-Taller Rigoberto Mena, sito en 54 y 21, Playa, descansan algunas de sus pinturas. Preocupado por la comunidad y esa responsabilidad social que debe traer aparejado todo proceso artístico, en el estudio se han realizado talleres para niños. Mayormente allí se desarrolla la jornada productiva que carismáticamente compara con las baterías, pues para él “quien vive de lo que le inspira tiene que tener siempre las pilas cargadas”.

Mena también trabaja con Galería Habana (Línea y F), espacio que lo representa en el país y donde se desarrolló su última exposición inaugurada en la tarde del 20 de octubre en el marco de las celebraciones por el Día de la Cultura Nacional. Se trata de una exposición bipersonal titulada Al dente junto a Alejandro García, artista y amigo de Mena. La puesta se mantuvo en exhibición hasta el 24 de noviembre. En ella compartió, una vez más, su punto de vista acerca del complejo universo de las emciones. El artista enfoca en su pintura la realidad de su vida. Se define a sí mismo como un optimista pues “si te centras en lo positivo, te obligas a ponerte las pilas y a hacer más uso de la creatividad”.

Precisamente ahí está el reto.