HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE…

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE...

LA HABANA, 3 dic. Por: Isely Ravelo Rojas Del divorcio en Cuba y los nuevos modelos de familia En Cuba, las personas al hablar del divorcio suelen decir, en tono jocoso: hasta que la otra o el otro nos separe o hasta que la suegra nos separe y más reciente se escucha hasta que el dinero nos separe.

Pero, a ciencia cierta y más allá del humor popular, ¿cuáles son algunas de las causas de las rupturas matrimoniales en la Mayor de las Antillas hoy? ¿Qué ocurre a lo interno de las familias cubanas al producirse un divorcio?

La ruptura matrimonial es un proceso multicausal. La convivencia, la salida del país de uno de
los miembros o la infidelidad, así como otras contingencias, pueden provocar el final de una relación marital.

Quizás todo pudiera resumirse en la aseveración:el que se casa, casa quiere. Sin embargo, la
situación económica y de vivienda en Cuba impide,en la mayoría de los casos, materializar ese
deseo de los casados.

Ante tal problemática, las parejas deben vivir con la familia de origen de
uno de los cónyugues; lo que a su vez supone un reto en tanto la coexistencia con otros parientes puede llegar a afectar los espacios de intimidad.

Precisamente, el tema de la convivencia ha sido considerado por muchos investigadores una
de las causas sociológicas de las altas tasas de divorcio en la Isla. Así lo confirmó el joven Daniel,quien desde su visión comenta que “acá la mayoría de las parejas terminan por culpa de la familia y las rutinas del día a día todos juntos”.

En estos nuevos tiempos con la posibilidad de la compra y venta de casas, alquileres de vivienda y determinadas facilidades para la adquisición de materiales constructivos, la situación ha variado,en especial para las parejas de altos estándares.

No obstante, los precios de las viviendas y sus rentas son elevados y los materiales de construcción insuficientes para cubrir la demanda. Por lo que muchas parejas jóvenes cubanas continúanlimitadas a la hora de adquirir un inmueble.

La migración de uno de los miembros de la pareja, ya sea por decisión personal o por misiones
de trabajo, condicionan en gran medida los divorcios. Yusmely, madre de dos varones y divorciada,cuenta que “el padre se fue y habíamos hecho planes para tener una casa propia porque vivíamos agregados. Y al año de estar en España medejó”.

Según la Doctora en Ciencias Psicológicas Patricia Arés Muzio, el divorcio ha sido un derecho adquirido en Cuba y en ese sentido podemos considerarlo un indicador de desarrollo. Al mismo tiempo, constituye un arma de doble filo, pues como proceso de disolución de la pareja es doloroso para sus integrantes, en especial cuando ya existen hijos (ha sido elemento recurrente en los divorciosen Cuba).

Como dato interesante podemos destacar que, según las estadísticas, son las mujeres cubanas
las que mayormente presentan la solicitud de divorcio para dar inicio al procesamiento jurídico. Al tomar esta decisión, varias son las etapas por las que deben transitar los miembros de la pareja.
Al respecto, una investigación realizada por el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas de Cuba señala que existen tres etapas fundamentales. La primera es la pre-ruptura la cual se desencadena como resultado de dificultades en el entendimiento entre la pareja en sus actividades cotidianas y donde la atención se centra en los aspectos negativos de la relación, al tiempo que se tiende a ser excesivamente crítico con el cónyuge.

En esta etapa, igualmente ocurre un distanciamiento emocional al sentir insatisfacciones con el
vínculo; negación de la realidad y surgimiento de sentimientos de inseguridad, desilusión, tristeza, ira e irritabilidad. Por último, al menos uno de los integrantes de la pareja adquiere conciencia de las causas reales de los conflictos y toma la determinación interpersonal de optar por el divorcio.

Como segunda etapa de las rupturas matrimoniales, el estudio señala que se corresponde al
momento de la separación, ya una vez tomada la decisión y puede incluir o no el divorcio legal.
Por último, aparece la elaboración de la ruptura donde cada uno de los integrantes de la pareja reconoce la separación y hace una reestructuración personal.

Cada parte asume la realidad de cambio de sí mismo y del otro. Es aquí donde se da el divorcio económico, separación de los ingresos y financiamiento; divorcio social, al modificar las relaciones y las amistades que antes se daban de manera compartida. Igualmente, se ajusta el
rol del padre ante el nuevo escenario, en caso de existencia de hijos en común.
Por desdicha, en el plano legal hoy hablamos de un incremento de separaciones difíciles, conflictivas y litigiosas. Algunas realidades sociales han contribuido a ello. Por ejemplo, el aumento de las vulnerabilidades legales pues a nuestro código de familia de 1987 le urge una profunda revisión y renovación, así como la desigualdad y la heterogeneidad social.

Según las estadísticas, estas separaciones litigiosas se producen por la división de bienes materiales; dígase casa, carro (en caso de su tenencia), electrodomésticos y otros bienes que forman parte de la comunidad matrimonial. También resaltan las relaciones de paternidad (generalmente) que ante el nuevo escenario, asumirá esta figura.

Resultados del divorcio: nuevos modelos de familia Según el estudio Impacto psicológico del divorcio en la mujer. Una nueva visión de un viejo problema, La separación conyugal, tiene entre sus resultados más visibles, el incremento de nuevos modelos de familias: las monoparentales y reconstituidas.

En el primer caso, la mayoría de las veces (salvo excepciones) es la madre quien queda con la custodia de los hijos y para el segundo aparecen en la familia la figura del padrastro o la madrastra. Una investigación realizada el pasado año bajo el título Dinámicas de Alienación Parental arrojó que las separaciones y/o divorcios ocurren mayoritariamente cuando los hijos se encuentran en edad escolar (66,6%), otras con los hijos adolescentes (22,2%) y por último durante el embarazo (11,1%).

Sin embargo, podemos afirmar que el divorcio, no constituye en sí mismo, un evento desestructurador de la familia y de su identidad. Todo depende de la valoración y asimilación que acerca del mismo realiza la pareja, lo que condiciona la adopción de estrategias que permitan conservar la estabilidad familiar. De lo que se trata es de establecer nuevas reglas en el entorno familiar y de, en principio, reconocer la necesidad de potenciar la búsqueda de soluciones constructivas, previendo así que el divorcio aparezca como la salida más
inmediata y única posible.“