La máquina del tiempo en el museo habanero de Arte Colonial

havana-live-museo-colonialLA HABANA, 19 Julio (Ana Maura Carbó) Lo descubrí uno de esos días que miraba los puntales altos de las construcciones coloniales de esta bella Habana, cuyas casas antiguas no tienen portales, casi pegadas al borde de las estrechas aceras, con ventanales amplio para que salga el vapor.

Me sorprendí mirando al interior y fueron sus muebles de madera los que me invitaron a buscar la puerta principal, y quedarme sin saber qué sala visitar. Todas las variedades de árboles maderables cubanos estaban bellamente representados en la variedad de muebles que muestra el Museo de Arte Colonial.
En una de las construcciones más destacadas del conjunto arquitectónico que rodea la Plaza de la Catedral, en La Habana Vieja. Una edificación de dos plantas, sin entresuelo, con una fachada típica de la esplendorosa arquitectura colonial cubana.
Cobija las costumbres de las familias de los siglos XVIII y XIX. Diversidad de estilos y diseños indican el lujo y la ostentación que caracterizaron a una clase social, imitadora de las modas europeas. Desde el día que descubrí el Museo de Arte Colonial perdí la cuenta de mis visitas. Los recorridos por sus habitaciones me recuerdan como eran el escaparate y los sillones de abuela Ana, o la polvera, las camas y el baúl de abuela Isabel.
Es un viaje al pasado cuando era una niña, porque en mi casa todo es de madera, de caoba y de cedro, para que duraran eternamente, a decir de mis abuelos. Por supuesto, la modernidad tiene otros cánones y lo antiguo ha quedado en los museos como es este del Arte colonial de La Habana, con sus muebles del estilo medallón, o los del llamado Imperio cubano, de perillita, sin faltar las sillas de diseño americano, los muebles de mimbre y los de diseño Thonet.
Las vajillas más representativas de las familias cubanas en la época colonial son las de los condes de la Fernandina, Sagunto, San Ignacio, San Juan de Jaruco, Pedroso y Garro, Macuriges, Casa Romero y Casa Montalvo, y las de los marqueses de la Real Campiña, Almendares y de la Real Proclamación.
Gustos y costumbres de acuerdo con las características y peculiaridades del país, sin olvidar la muestra de taburetes, mueble típico del campesinado cubano o la sencillez y elegancia del enchapado, la marquetería y las mecedoras.
Grandes armarios, canastilleros, prendedores, prismáticos, impertinentes, prendedores de sombreros devocionarios religiosos, todo lo que se usó en épocas pasadas están en este inmueble, para que viajemos en la comadrita de los recuerdos, los que tuvimos familias antiguas, o para que los más jóvenes conozcan cómo durmieron, comieron o descansaron los cubanos de antaño.