La Habana cumple años con un nuevo paseo marítimo

havana-live-Paseo-maritimo-Puerto-Viejo-Habana1-600x375LA HABANA, 18 Nov. Por el 496 aniversario de la fundación de San Cristobal de La Habana, sus habitantes debían hacer lo mismo de cada año: pedir deseos alrededor de la ceiba del Templete.

Pero a las 5.00 pm de este 16 de noviembre no había el mismo entusiasmo de años anteriores. La cola, que habitualmente es un tumulto, serpenteaba alrededor de la Plaza de Armas, pálida, con más custodia que creyentes.

¿Será que la gente ha dejado de creer en los milagros? ¿Será que a nadie se le cumplió el deseo el año pasado y han desistido de pedir? ¿Será que empezarán a llegar cuando caiga la noche?

La ciudad no deja de celebrar porque unos cuantos, quizás la mayoría, se haya vuelto descreída. Bajando por la Avenida del Puerto, frente a la Alameda de Paula, han inaugurado un paseo marítimo flotante, y quizás los que no han ido a la ceiba decidieron caminar sobre el agua, imaginando que estaban en un puerto desconocido, quizás Holanda. Las nubes grises de un frente frío que se disipaba conspiraban con el paisaje.

El Paseo Marítimo de Paula es una de las inversiones de la Oficina del Historiador de la Ciudad que se proponen rescatar la bahía de tantos años de desidia y desastre ecológico. En forma de T, rememora un espigón que existiera “hace más de dos siglos atrás”, según afirmara la prensa oficial.

“Lindo se ve por la noche. Cuando encienden los faroles”, dice una vecina que en apenas dos días ha llevado de la mano a toda la familia.

Y comenta: “Lo que más me preocupa es que nos dure poco”. Porque, según ella, la barriada no está acostumbrada a cuidar de las inversiones de la Oficina del Historiador.
“La Alameda de Paula no hace un año que la repararon y ya hay barrotes despegados. En el parque de la esquina de Luz y Oficio arreglaron la jardinería, los bancos, y ya no tiene uno donde sentarse.

Entre los chiquillos sobre los que no hay ningún control y los borrachos del bar de enfrente, no se sabe a dónde irá a parar la cosa…” A la vecina preocupada no le interesa tanto, por ejemplo, que las barandas que definen el fin de la acera y el inicio del mar, y que rodean la entrada del nuevo puente sean tan bajas que cualquier niño o cualquier persona entretenida pueda caer a un descuido.

“¿Hay que esperar a que ocurra el accidente?”, comenta Luis que, después de hacerse un par de selfies, no puede evitar criticar. “La solución no puede ser poner un cartel que diga ‘Atención: niños no acercarse’, o en inglés por si acaso los despistados son extranjeros.”

“En caso de ciclón”, comenta otro vecino en tono de especialista por haber vivido muchos años en San Isidro, el barrio que queda en frente, “no hay qué temer, esta bahía es de bolsa y el oleaje no llega aquí atrás”.

“Y como es desmontable”, sigue el vecino especialista, “si nos portamos muy mal, la levantan y no la vemos más. Lo malo es que a alguien se le ocurra soltar las amarras y ver hasta dónde llega”.

Ya antes de la inauguración había un trío de adolescentes intentando levantar los tablones para ver qué se veía debajo; una pareja que disfrutaban más de sus besos que del vaivén de la estructura; una lectora tirada a pierna suelta y recostada a un farol; unas cuantas familias haciéndose fotos; dos locos gritando que estaban en Copenhague; y un custodio con cara de pocos amigos deseando que desaparecieran todos.

Para muchos, definitivamente, este empezará a ser un sitio de encuentros donde la gente, si el sol lo permite, pasará un rato agradable sentada en el piso, porque no hay bancos.

http://www.diariodecuba.com/cuba/1447783575_18194.html