La elegancia de posar desnuda en La Habana

a-escritora-cubana-wendy-guerra-durante-mesa-de-debate-na-flip-08082010-1281295076082_615x300LA HABANA 6 Abril (Hugo Araña) Realidad y ficción son las herramientas que la autora Wendy Guerra escogió para darnos a conocer a la protagonista de Posar desnuda en La Habana, y lo logró de tal manera que uno a veces confunde ambas. Nos reta así a balancearnos entre realidad y fantasía, donde esta última no es un mero remiendo, sino que nos acerca convincentemente a este personaje. Posar desnuda en La Habana, enmarcada en los años veinte, trata sobre la joven Anaïs Nin, escritora que vivió poco tiempo en Cuba, aunque quizás ese breve período la marcó en cierta forma. En esta novela quizás lo más relevante sea que la ficción y la realidad no se estorban, sino que se complementan de portada-posar-desnuda-habana_grandeprincipio a fin. La narración transcurre de forma muy semejante a las epístolas escritas por la protagonista, por cierto a veces contradictorias para algunos, aunque para aquellos con mente abierta sus acciones serían las de cualquier ser humano. Sus propias cartas muestran a una Anaïs Nin triste y sola, una refugiada en plena Habana de los años veinte, y sobrecoge captar a través de ellas la relación algo difícil con su madre, muy diferente a la obsesión por su padre, rayana en el incesto. Posar desnuda en La HabanaWendy Guerra nos acerca con éxito al ambiente habanero de esa época, donde se hacen presentes calles, callejones, fachadas, futuros repartos, los coches y la ya posible y cercana aparición de los tranvías eléctricos, sin dejar a un lado los caballos en medio de casas y casonas. Además, varios personajes reales se complementan para darle credibilidad a la obra. La autora estudió bien aquella época, aquella burguesía ya algo lejana de la española para resplandecer por sí misma, y por momentos no sabe el lector si se trata de las cartas de Anaïs Nin o de la creación de Wendy Guerra, incluso en la perenne tristeza de Anaïs, que la acorrala. Su íntima verdad es tratada por la autora con delicadeza, y no con repulsión, porque en definitiva somos seres humanos, hagamos lo que hagamos, aunque algunos (no podía ser de otro modo) saquen sus lanzas de condena.
Además, el estilo escogido por Guerra pone a la obra un sello muy personal, no muy presente en la Literatura cubana actual. Su sutileza y elegancia nos sorprende e invita a recomenzar la lectura en busca de trasfondos que nos haya querido insinuar, como si estuviéramos junto a ella en el momento de comenzar a escribir. Pienso que Posar desnuda en La Habana no ha sido debidamente divulgada, quizás debido a ciertos párrafos donde la autora, con una escritura muy sencilla, expone sin miedo lo que se comentó de la protagonista cuando nos abandonó. No se trata de condenarla a la hoguera, sino de entender que los caminos del amor no son tan claros como piensan algunos con mentes cuadradas, que los inesperados vericuetos del amor son reflejo del alma de los seres humanos.