La cultura de la higiene, una deuda pendiente

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Zona del litoral habanero/Vedado (Foto Aida Díaz Chang)

LA HABANA, 24 Agosto   Es habitual ver en cualquier calle o avenida de La Habana los tachos de basura desbordados.
De tan común, el hecho resulta ya indiferente para el ciudadano medio, atribulado por sus propios problemas y hastiado de escuchar de las autoridades locales un rosario de justificaciones para explicar el fenómeno.

La cultura de la higiene ha ido perdiendo terreno en una ciudad de 2 millones de habitantes, que en una aparente paradoja resultó seleccionada en 2014 una de las 7 Ciudades Maravilla del Mundo por la organización New7Wonders Ciudades.
Por suerte, la justa selección de la bella capital cubana se definió por sus paisajes naturales y aval histórico –cultural y no por su higiene.

El tema de la limpieza de La Habana no solo está directamente vinculado con la higiene, en un escenario de altas temperaturas, vectores y desorden urbanístico, sino que se imbrica en la sostenida campaña en favor del medio ambiente.
El paisaje de cualesquiera de las playas del este de La Habana tras una jornada veraniega de fin de semana parece extraído de un escenario orwelliano: latas de refresco y cerveza, botellas de bebidas, bolsas plásticas y restos de comida constituyen los más comunes desechos abandonados por los bañistas en la arena o en las azules –verdosas aguas del Caribe cubano.

Todo el litoral norte de la capital es igualmente objeto de la depredación y la irresponsabilidad ciudadana. En esa larga tira de costa, superior a los 30 kilómetros, podemos encontrar entre los arrrecifes o en el mar cientos y hasta miles de objetos no deseados, que provocan suciedad pero también daño al entorno marino, a la flora y fauna locales, con la consiguiente afectación de la cadena tròfica, de la cual dependemos todos.

El químico o los plásticos que ingieren peces y moluscos por tales razones provocan la muerte de muchas especies y el hecho puede afectar la salud humana cuando comemos alimentos extraídos de este mar contaminado.
Todo indica que seguiremos viviendo en esta suerte de barbarie durante un tiempo largo. Los habaneros no parecen estar hoy preparados para poner fin de inmediato a esta situación, preocupados por problemas económicos y estructurales. La policía y los inspectores de cada organismo que deberían velar por esto tomaron vacaciones sin fecha de regreso.

No se enseña con rigor en las escuelas y en el seno de las familias el amor a la naturaleza y la necesidad de vivir en armonía con el entorno. Hasta tanto no converjan la aplicación de severas multas a los depredadores medioambientales y un culto al mundo que nos rodea, seguiremos conviviendo con la suciedad y envenenando cada día mas la ciudad y su entorno.
Por Pedro M. Otero Cabañas.
http://www.radiohc.cu/interesantes/caleidoscopio/66661-la-habana-la-cultura-de-la-higiene-una-deuda-pendiente