La Casa de América y el Caribe llega a sus 55 años

Casa de  las AmericasLA HABANA   5 Mayo  Con su torre esbelta de art decó tardío y su imponente armazón de líneas rectas frente al mar, la Casa de las Américas llega a los 55 años tan lúcida como en sus tiempos fundacionales junto a Haydée Santamaría.
Según el escritor cubano Roberto Fernández Retamar, en los primeros días “todo daba la impresión de empezar de nuevo” y aún con su andar pausado y sus 83 años, el actual director conserva esa pasión inicial. Aunque no está seguro de poder bailar la Casa de las Américas, “creo que puedo recitarla, tocarla con acompañamiento de flauta, y hasta tararearla bajito, cuando, casi siempre de noche, regreso a donde vivo, a veces sin luz, añorándola”, dijo una vez. Muchos como Retamar han dejado buena parte de su vida y su suerte en esa gran empresa cultural, algunos son muy conocidos y otros más anónimos como el filólogo Roberto Navarro que guarda con celo sus historias Recién graduado de filología, Navarro llegó a Casa de las Américas en 1979 y hoy es uno de los trabajadores más veteranos de la institución. Con mucho cariño recuerda a su primera presidenta, Haydée, “una mujer fuerte y combativa, pero muy dulce, con un amor inmenso por la Casa que logró contagiar a muchas personas”. Tuve el privilegio de trabajar un año con ella -cuenta- a veces, llegaba y se sentaba en el piso de la escalera y ahí mismo hacía sus despachos.
También era muy dadivosa, daba todo lo que tenía. “Una vez hicimos una exposición y ese día se fue la electricidad, entonces tuvo la idea de poner faroles y con eso iluminamos”. Al principio eran unos 70 trabajadores y todos hacían de todo, aquí ayudaban a limpiar y recoger hasta los intelectuales, rememora Navarro sentado detrás de su habitual escritorio en la librería Rayuela, de Casa de las Américas. En estos momentos hay muchos jóvenes y también se llenan del espíritu que los más viejos tratamos de inculcar, dijo el filólogo, quien desde hace 35 años no conoce otro centro laboral que no sea esa institución. Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Italo Calvino, Rodolfo Walsh, Herminio Almendros, Juan Marinello, Nicolás Guillén, Onelio Jorge Cardoso, José Rodríguez Feo, Virgilio Piñera, Fayad Jamís, Víctor Jara, Rigoberta Menchú y Silvio Rodríguez son solo algunos de los grandes que han desandado sus estancias. Bajo las estrellas, peces, sirenas y conchas cerámicas del Árbol de la Vida, con sus imponentes seis metros de altura, en la Sala Che Guevara todavía suenan hoy sus voces, textos y canciones. La institución convoca encuentros teóricos durante todo el año y entre sus certámenes de mayor prestigio destaca el Premio Literario Casa de las Américas, uno de los más antiguos y prestigiosos del continente.
De hecho, el jurado de la primera edición estuvo compuesto por consagrados de las letras como Miguel Ángel Asturias, Guillén y Carpentier. Paulatinamente, el centro tomó organización y surgieron los diferentes departamentos: Artes plásticas (1961), Teatro (1964), Centro de Investigaciones Literarias (1967), Centro de Estudios del Caribe (1979), Programa de estudios de la mujer (1994), entre otros. Desde su fundación el 28 de abril de 1959, Casa divulga, investiga, auspicia, premia y publica la labor de escritores, artistas plásticos, músicos, teatristas y estudiosos de la literatura, las artes y las ciencias sociales de América. En tanto, la Revista Casa de las Américas, creada en 1960, resulta en la actualidad una de las publicaciones periódicas dedicadas a las letras con más larga vida en el continente. Además de su amplia colección Haydée Santamaría, con unas 12 mil piezas de arte, el fondo editorial de la entidad publica cada año las obras premiadas, que con el tiempo muchas veces han devenido clásicos. De esta forma, acoge a todos como bien dice su nombre: una casa de puertas y ventanas abiertas a lo mejor de la creación latinoamericana. (Por Ibis Frade) npg/ifb