Jazz Vilá “Teatro, lo suyo es puro teatro”

Jazz Vilá “Teatro, lo suyo es puro teatro”

Foto:Borges/HLM

LA HABANA, 18 junio (Por: Karla Esquivel Báez) Dicen que a la tercera va la vencida, pero Jazz Vilá desmitifica esa frase popular con sus obras de teatro. Farándula, al igual que sus predecesoras Rascacielos y Eclipse, ha sido todo un éxito. No solo por los records de audiencia o las inmensas colas para comprar entradas, sino por el deleite que pueden experimentar quienes asisten a sus puestas en escena.

Jazz Vilá no hace gala de falsas modestias, tampoco lo necesita. El resultado de su trabajo habla por sí solo. ¿Qué mejor carta de presentación para el joven dramaturgo que conseguir, con cada una de sus obras, éxitos rotundos de taquilla?

Pero no se trata únicamente de fríos números; Jazz cree tener una misión en la vida y a ella ha enfocado, victorioso, su arsenal creativo: que el teatro sea para el disfrute de todo público.

En el camerino de la Sala Adolfo LLauradó, espacio habitual para las puestas del Jazz Vilá Projects, tuvimos la oportunidad de conversar con su director. Goza de una manera peculiar de expresarse: sus manos, tanto o más que sus palabras, tienen mucho que decir. Hay en él un soñador apasionado de las tablas en complot con el avispado cubano que le habita.

De niño, nos cuenta, quiso ser cosmonauta; pero la vida le fue enseñando otro camino para llegar a las estrellas. También valoró la carrera de economía. Sin embargo, según narra, “fue mi mamá quien me puso en un taller de actuación para canalizar toda mi energía, porque era un niño muy hiperactivo.

Estando allí comienzo a enamorarme de este mundo. No obstante, lo que realmente marcó mis inicios fue haber tenido la grandísima oportunidad de, con 15 años, participar en la telenovela Las huerfanas de la Obrapía”.

Al Jazz actor también lo hemos podido ver en cintas como El acompañante, Fátima y Juan de los Muertos. Esta última le concedió el cariño del pueblo con su personaje de “la China”.

A diez años de su estreno, confiesa, todavía la gente recuerda el pintoresco papel que interpretará en la tragicomedia de zombies. Y aunque no quisimos ahondar en su perfil como actor, surge para la entrevistadora una pregunta difícil de obviar: ¿Qué prefiere Jazz Vilá, actuar o dirigir?

Son dos cosas completamente distintas, aunque están dentro de la misma rama y forman parte inseparable de mí. Y es que en gran medida se alimentan una de la otra: yo nunca voy a dejar de ser actor, pero tampoco dejaré de dirigir. Por ejemplo, cuando creo un personaje, me sitúo desde el punto de vista del actor también. Sin embargo, la experiencia me ha demostrado que no debo ponerlas en conjunto”.

Jazz, además, ha impartido talleres de interpretación en prestigiosas instituciones como la Universidad Complutense de Madrid y la Fundación Shakespeare de España. Ha sido invitado a renombrados espacios como el Festival de Cannes en Francia y el Berlinale Talent de Alemania. En 2017 fue merecedor del Incubator Artist Program (USA). De estas y muchísimas otras experiencias que pueblan su aun joven carrera, se ha nutrido para crear Jazz Vilá Projects.

Pero quien conoce más a fondo el trabajo de Jazz Vilá, sabe que el sueño de estudiar economía no fue del todo rechazado, en tanto hoy logra conjugar su talento como dramaturgo y su tino de mercadólogo. Se instruyó durante un año en el terreno y, confiesa, gran parte de sus conquistas se deben a sus dotes de económico. Es que, más allá de un dramaturgo, Jazz se considera un empresario del mundo de las tablas, sin que eso implique la recurrente disputa entre arte y mercado.

El concepto creativo y el valor artístico de sus obras no son bienes negociables para los intereses de éste o aquel patrocinador. “Ellos no cambian para nada el rumbo de mi obra. Cuando busco a mis patrocinadores, ya la obra está escrita.” -(El cartel a las puertas de la LLauradó que anuncia su más reciente puesta, da fe del éxito en su pesquisa de anunciantes: más de una veintena de empresas, heterogéneas y algunas hasta lejanas al mundo del teatro, acompañan a Farándula)-.

“Lo primero que les digo es que esto ayudará al teatro cubano a que se mantenga vivo y conecte con la gente. Veo siempre de qué manera puedo introducir a mis anunciantes para que tengan visibilidad, sin que eso los involucre, necesariamente, en el guion”.

Otro aspecto que lo caracteriza en este sentido es la colaboración con representantes de diversas manifestaciones artísticas. De ahí se derivan los cuadros de artistas plásticos o las canciones que destacados músicos componen exclusivamente para nutrir sus puestas en escena.

Todos los años que viví en Europa, donde tuve la oportunidad de trabajar con el Ballet de Montecarlo y la Compañía Blanca Alí, me ayudaron a tener noción de cómo se administra un proyecto y a enfocar claramente los objetivos. El de Jazz Vilá Projects es hacer un teatro para conectar con el público, y no para alimentar mi ego.

Cuando salgo a la calle me doy cuenta que la gente pide todo el tiempo distraerse, pasar un buen rato. De esa necesidad creo las obras, y los personajes no son más que el reflejo de los cubanos de hoy en día. También hay mucho de mis vivencias en los guiones, no es un secreto para nadie, pero me he dado cuenta que eso ayuda a que las personas se identifiquen con las propuestas de la compañía.”

-Pero no podemos mirar solo el presente y el futuro sin retornar a la semilla. Ante esta máxima se impone una cuestión que se ha mantenido dubitativa entre muchos de los fieles seguidores de tus puestas en escena. ¿Has pensado en algún momento retomar Rascacielos o Eclipse?

Eclipse ha seguido viva, la última vez que se presentó fue en el pasado noviembre en República Dominicana. El año próximo Rascacielos cumplirá 5 años, y queremos para entonces hacer una reposición con algunos cambios importantes. Porque pienso que si vas a reponer una obra, es para darle un nuevo giro. En ese sentido la música le aportará muchísimo, así que la vamos a retomar como Rascacielos: el Musical.”

Admite, además, que odia perder el tiempo. Para Jazz Vilá no hay banquetas que le inciten a sentarse. ¿Sus planes? Seguir trabajando.

Pienso dejar que se desarrolle Farándula, que viaje por las provincias y por otros países. Es una obra que aún debe madurar y no hay que apresurar ningún otro proceso de creación.

Por estos días estuvimos presentando una versión muy puntual de La vida es sueño, en el Festival Internacional del Siglo de Oro de Texas. Es la primera vez en más de cuarenta años que una compañía cubana estaba por allá. Para este verano, además, tenemos planificado el estreno de la obra infantil El pequeño, adaptación de El Principito”.

-¿Hasta qué punto es la crítica un factor influyente en tu trabajo?

Realmente no influye, -confiesa Jazz sin pelos en la lengua y contento de que, finalmente, surgiera esta interrogante-. Me da muchísima pena que no haya una crítica especializada. Quienes la ejercen, en su mayoría, tienen una especie de templo en un teatro más rebuscado y experimental: si te sales de esos esquemas, entonces lo que haces ya no es teatro. Una vez me dijeron que yo hacía antiteatro.

Y aunque me parece poco profesional ese término, lo respetaría si se basará en elementos conceptuales o estéticos, y no en un criterio personal.

Claro que hay un teatro que debe ser para una élite más intelectual, pero no todo el mundo tiene porqué entender a Bertol Bretch. También debe existir un Andoba, que refleje nuestra cotidianeidad. Como mismo el Teatro Alhambra recogía la picaresca de su tiempo; como lo han hecho Virgilio Piñeira o Héctor Quintero en sus obras, es que trata Jazz Vilá Projects de reflejar la Cuba del Siglo XXI.

Creo que la crítica debe tratar de entender más la pluralidad de las propuestas. Yo seguiré haciendo teatro para el pueblo, esos que vienen en miles a ver mis obras, en su mayoría no habituales en el arte de las tablas, muchos de ellos que asisten por vez primera a una sala”.

Al cierre de marzo, la Adolfo Llauradó superó los 5 mil espectadores: el record de la sala en todo un año, fue conseguido en apenas un mes. Entonces, decir que Jazz Vilá ha escogido la fórmula del facilismo y que no tiene ninguna profundidad intelectual, sería también banalizar al público, ¿no?