Fotógrafo callejero mantiene tradición en La Habana

YOMAR_01LA HABANA, 5 abril  Hubo una época en que tomarse una foto en el Capitolio era el signo inconfundible de que uno no era un “habanero”. Quienes viajaban desde una de las provincias cubanas hacia la capital se tomaban una foto en blanco y negro frente al majestuoso edificio, con una de esas cámaras antiguas que dan un cierto aire lejano a la escena. Era la prueba de haber estado allí, en La Habana.

Con la misma cámara de hace más de un siglo, miles de turistas todavía plasman su imagen como recuerdo de su visita, gracias al empeño de algunos fotógrafos callejeros que se resisten a abandonar una de las tradiciones más conocidas de la ciudad.

“Esto es una Kodak, es del año 1900. Es un laboratorio que trabaja con la luz. A través de la luz capta la imagen en el papel y yo lo que hago es revelarla”, explica Yomar del Toro, de 38 años, sin parar de enfocar con su lente frente al que posan turistas, esta vez, no en el Capitolio–que está siendo restaurado para ser la sede del parlamento–sino en el Parque Central, otro lugar icónico de La Habana.

“Este es como el principio de la foto. Mi papá y mi abuelo eran fotógrafos de estas cámaras. Esto siempre se trabajó en el Capitolio. Él [mi papá] me enseñó y yo seguí la tradición”, comenta.

En la era digital, es casi un milagro que una tradición como esta persista.

“Mi papá llevó 47 años, yo llevo ya 20 años en esto. Éramos muchos, pero algunos han muerto y otros se han retirado”, lamenta.

Con cuidado, intenta preservar la vieja cámara.

“Hay que forrarla para que no entre luz, porque como es un cuarto oscuro en miniatura no debe entrar luz”, dice.

Sin embargo, ya pocos son los cubanos de otras provincias que pueden tomarse una de estas fotos. Con el influjo de turistas, sobre todo al llamado “casco histórico” de la ciudad, los precios, antes en moneda nacional, se han dolarizado y ahora una sola de estas impresiones cuesta 2CUC, un poco más de dos dólares y el equivalente a 50 pesos en moneda nacional. Para quienes apenas pueden pagar una botella de aceite vegetal a 2.40 CUC, este es un pequeño lujo que no se pueden costear.

Del Toro explica que el papel es caro y casi imposible de encontrar en la isla. Generalmente, lo encarga a amistades en el extranjero. También debe pagar impuestos y una licencia otorgada por la Oficina del Historiador de la Ciudad, que controla determinadas actividades por cuenta propia en la Habana Vieja.

“Vamos viviendo, a pesar de que para esto hay poco material para trabajar porque la tecnología ha avanzado mucho y es difícil de conseguir. Aquí no hay, no se encuentra”, afirma del Toro, quien sostiene que “llegará el momento en que se acabe la tradición porque aquí no se encuentra papel para esto”.

Mientras tanto y hasta que eso suceda, la fila de turistas sorprendidos con el antiguo artefacto no para. Sonrientes, se llevan un pedazo de La Habana, en blanco y negro.

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