ELIADES OCHOA: Música que llegó para quedarse

 ELIADES OCHOA: Música que llegó para quedarseLA HABANA, 18 APR. Por: Yanelys Hernández Cordero Eliades Ochoa, una de las estrellas del Buena Vista Social Club y representante de la música tradicional cubana cerró con estrenos el 2017 y promete para el reciente año, una jornada cargada de sorpresas para sus seguidores.

“Preciosa”, canción recientemente lanzada junto a Descemer Bueno y su video clip con dirección de Omar Leyva, ha alcanzado el número 1 en las listas de Lucas. También tuvo lugar la realización del clip “Me tenían Amarrao, compé”, con animación de Juan Padrón. Después de 18 años del exitazo “Píntate los Labios María”, es un regalo ver juntos una vez más a Eliades y Padrón.

En lo que va de 2018, el músico participó en el Festival de Jazz de La Habana y estuvo también por Miami en GROUNDUP Festival organizado por Michel League y su banda Snarky Puppy, con quienes realizó un disco integrado por músicos cubanos y norteamericanos. Grabó otro disco con el proyecto Zanja, y nos adelanta que es posible la filmación de un documental dirigido por una cineasta americana. Lo que sí es seguro es que en abril estará en el Royal Albert Hall, de Londres; donde se presenta Adell y escenario donde estuvieron los Beatles, entre otros famosos.

Este artista empírico, no sabe de pentagramas, pero bien podría dar una lección de amor, perseverancia y respeto a la profesión. Ha coqueteado con los ritmos y los escenarios. Los proyectos que ha emprendido, así lo confirman.

“Yo creo que nací músico- Nos dice entre miradas nostálgicas a los cuadros que adornan la sala de su casa en el municipio capitalino de Playa. Eliades creció en una familia musical. -Mis padres tocaban el tres, y de mis hermanas hay dos que se dedicaron a la medicina, pero la otra es artista.

En esa época la música era algo que se hacía en paralelo. En el caso de mi padre su trabajo era la tierra, la finca que tenía. Sin embargo, cuando le avisaban de tocar en algún lado enseguida se reunía aquel septeto. Además, todas las noches había fiesta en la casa porque era la diversión de entonces: no había otra cosa”.

En sus inicios, ¿quiénes constituyeron referentes artísticos?
“Cuando aquello había música y se oía música. Y yo escuchaba, entre otros, al Dúo Los Compadres de la década del 50, Trío Matamoros, Septeto Nacional Piñeiro… ¡Es que existían muchas agrupaciones y cosas bonitas! Cosas que no sé si lo hicieron para guardarlas y están cumpliendo con ese deseo, porque no se ven en la actualidad.

El mundo va evolucionando, va girando igual que el eje imaginario de la tierra. Y salen ritmos nuevos y otras formas de hacer música. Sin embargo, cada música, cada sonido tiene su público. No podemos ahora decir que la única música buena que hay es la que yo hago.

Para mí es la mejor: para Eliades Ochoa. Me sorprende en los últimos conciertos que he hecho el porciento grandísimo de muchachos jóvenes. Me encanta ver tanta juventud yendo a oír la música que hago: Píntate los Labios María, El cuarto de Tula, El carretero... Quien va a un concierto de Eliades Ochoa sabe lo que va a oír, eso me reconforta aún más”.

¿Qué significó ser miembro de Buena Vista Social Club, en el plano profesional y personal?
“El Buena Vista fue y será un fenómeno musical en la historia de la música cubana. Lo que más agradezco es que a través de la promoción que tuvo Buena Vista Social Club se dio la oportunidad de llevar la música cubana alrededor del planeta. Nuestro primer concierto fue en Ámsterdam; pero con el proyecto recorrimos muchos países de los cinco continentes. Y luego vinieron otras cosas, entre ellas el premio Grammy en 1997; y el documental nominado a los Òscars en 1999 y dirigido por Wim Wenders.

La repercusión que tuvo, que ha tenido y que va a tener Buena Vista Social Club no puede medirse, es enorme. Constituye una bandera de la música cubana en cualquier rincón. Podemos, sin temor a equivocarnos, afirmar que somos embajadores de nuestra música tradicional cubana en el mundo”.

Ochoa a lo largo de su carrera ha tenido otras presentaciones y colaboraciones en el extranjero. En 1998 grabó el álbum “CubAfrica” junto al francés Manu Dibango, en 1999 el disco “Sublime Ilusión”, y en 2004 grabó la canción “Hemingway” con la banda holandesa Blof (nominación a Grammy), que apareció en su álbum de 2006 “Umoja”. Su discografía es amplísima, y abarca más de 30 colaboraciones con artistas reconocidos de Cuba y otras partes del mundo.

Ha habido muchos triunfos, premios y éxito en la vida de este trovador que se expresa a través de sus guajiras, boleros, sones; y que a la edad de 71 años – y a decir de su pareja en la vida personal y profesional- “debe dar en el centro y no ir a tirar disparos al aire”.

Además de la guajira, la guaracha, el son y el bolero, ¿cultiva otros géneros?
“Yo dentro de lo que es música cubana hago cualquier género. También me he atrevido a hacer cosas como un disco que hice de blues, con Charlie Musselwhite. Estuve con la Fresca, exponente del hip hop; con Buena Fe en “Mamífero Nacional”, con David Blanco “Pica Pica”, entre otros.
Y aquí tienes señal de todo”- afirma mientras pierde su vista nuevamente en las paredes donde reposan muchos de los merecidos reconocimientos a su música. Destacan 13 Discos de Platino, 5 de Oro y el Mejor disco del mundo en 2010 con Afrocubism con la gente de Mali.

“Yo tengo una virtud o un defecto y es que yo escucho un consejo, pero me gusta pensar y hacer lo que yo creo: no me gusta que nadie piense por mí. Considero que no he fracasado porque siempre he hecho lo que he querido hacer, dentro del respeto al trabajo, la ética y todos los valores que debe tener un artista…Tampoco me gusta hacer lo que está haciendo otro, no me gusta ser imitador. Yo voy a mi paso”.

Su esposa, Grisel María Sande Figueredo, estuvo presente durante este encuentro de Havana Live con uno de los cantantes de “Preciosa”, un bolero-son que interpreta a dúo con su autor Descemer Bueno. Al respecto la historiadora nos comenta: “Hacía tiempo que Descemer nos había hecho la propuesta pero ambos artistas tenían mucho trabajo y fue en el festival de Gibara donde se concretó la idea.

A Eliades le fue un poco difícil cogerle el tono a una canción de un compositor de otra época, pero el resultado fue magnífico y ha tenido muy buena acogida en el público”. Y es que Descemer y Ochoa son dos compositores, ambos de generaciones distintas; uno urbano y otro tradicional. Sin embargo, los dos respiran el mismo aire: la pasión por la música. A decir de Sande el objetivo de ambos artistas es que “la lírica sea un fenómeno que trascienda y que la gente se quede siempre con el recuerdo del tema Preciosa, como decir Lágrimas Negras, Chan Chan, o Píntate los labios María.”

¿Se ha planteado la posibilidad de hacer canciones infantiles o reggaetón?
Una vez hice un tema infantil, bueno… yo no sé si llamarle un tema infantil, pero fue para un Día de Reyes en la fiesta del Vaticano. La canción la hice solo con mi guitarra en la EGREM de Santiago de Cuba. Después la envié a Roma donde una orquesta gigante como de cincuenta músicos, dirigidos por un excelentísimo maestro de la música, me acompañó. Aquello fue un regalo para los niños, llamado “Paz para el Mundo”. En cuanto a reggaetón, no. Aunque yo puedo hacer, desde un reggaetón hasta “Dónde está la má teodora”.

¿Cuánto hay de Santiago en sus canciones?
Mucho, yo creo que todo. Y no solo de Santiago de Cuba, sino de la Loma de la Avispa donde yo nací. Pero es que el toque campesino, el son original de la montaña… todo eso se te queda. Eso es como si tuvieras un perfume con el que pasas 24 horas y todavía se siente el aroma. Se te impregna y te penetra los huesos. Y yo agradezco mucho mis raíces pues me han hecho ser como soy y tocar como toco.

Nunca he ido a una escuela donde me digan cómo se canta o cómo se toca. Mi escuela fue ir a las fiestecitas de noche que hacía la familia, oír a mi papá y a los primos tocando en la casa con un mechón encendido. Hubo un momento en que a lo mejor se puede decir que la necesidad me hizo darle un poco de brillo a lo que yo hacía que era tocar guitarra. Digo la necesidad porque tocaba para que me pagaran. –Y agrega entre risas– Ahora también tocó para que me paguen, pero de forma más organizada.

Sobre si la música tradicional cubana está perdiendo terreno ante géneros nuevos como el pop o el reggaetón sentenció: “sin dudas ha echado raíces y está gozando de una salud extraordinaria y mira que hay ritmos golpeando fuerte. Lo que quiere decir que la música tradicional cubana se considera, se respeta y se quiere. Porque llegó para quedarse”.