El Corte Inglés regresa a La Habana

LA HABANA, 15 ene. Del mismo sitio donde fue gestado en buena medida hace casi ocho décadas por el joven asturiano Ramón Areces, una avanzadilla de El Corte Inglés acaba de aparecer sin mucha o ninguna algarabía, en su punto de partida: La Habana.

Areces y su tío César Rodríguez, copropietario de los almacenes o tienda por departamentos El Encanto, entre los más famosos de la Cuba prerrevolucionaria, tanto o más que afamados consorcios estadounidenses establecidos en la isla (Sears, por ejemplo), bebieron de lo alcanzado en la isla y lo visto en EEUU para concebir su éxito en España.

El binomio, aseguran, era perfecto: el poder financiero de Rodríguez, y el “know-how” de Areces para vender, innovar y olfatear oportunidades. Cuba, resulta oportuno recordar, junto a Nueva York y París fueron de los primeros en el mundo en suprimir los llamados mostradores y permitir que el cliente tocara con sus manos la mercancía.

Cuentan los historiadores que el dueto nombró por vez primera a El Corte Inglés, una sastrería abierta en Madrid poco antes de estallar la Guerra Civil.

La llegada del afamado almacén no ha sido por sus propios pies, sino de la mano y supervisión de las Tiendas Recuperadoras de Divisas (TRD) pertenecientes al sistema empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Renovado de pies a cabeza hace tan solo una semana, el mercado del centro comercial La Puntilla, en la barriada capitalina de Miramar, muestra en sus estantes toda una suerte de productos con el clásico logotipo del verde triángulo y en su interior el texto El Corte Inglés en letras blancas.

Dispone de un surtido aceptable, aunque cuenta una empleada que ”la gente se ha llevado ya muchas cosas”. Entre ellos, los dueños de restaurantes privados, porque a falta de la existencia de un mercado mayorista, compran por grandes cantidades aceitunas, conservas y otros complementos.

Los precios no son otros que los fijados por el Ministerio de Finanzas y Precios de la República de Cuba y se corresponden al resto de los productos extranjeros que pudieran estar presentes en el mercado nacional. Eso sí, una barra de turrón de Jijona factura casi 12 cuc (casi 10 euros) ó 288 pesos cubanos, casi la mitad del salario medio. Por tanto, habrá que esperar rebajas.

El vuelo imaginario que poseía aquel joven asturiano devenido gran empresario nunca alcanzó a que tanto tiempo después el verde triángulo ondea en nuestros centros comerciales. Así es la vida…
(elboletin)