El arte contemporáneo japonés desembarca en Cuba

El arte contemporáneo japonés desembarca en CubaLA HABANA, 29 mar. Algunos especialistas opinan que la cultura es un manto universal, cuyos hilos conectan realidades que a simple vista parecen diametralmente opuestas.

La exposición Going away closer que por estos días transcurre en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, retoma tal premisa, conjugando las diversas visiones que acerca de la distancia, el tiempo, la vida, la muerte y las remembranzas, poseen dos países tan diferentes como Cuba y Japón.

Por primera vez una muestra de arte japonés contemporáneo se exhibe en territorio cubano, enmarcada en las celebraciones por el aniversario 120 de la migración japonesa a la Isla. Anteriormente, la presencia de esta importante producción se había limitado, de forma aislada e individual, a las bienales de La Habana.

Going away closer cuenta con obras de siete artistas japoneses y cuatro cubanos (Glenda Léon, Reynier Leyva Novo, Leandro Feal y José Manuel Mesías), que proponen un acercamiento entre las culturas de dos países cuyas condiciones sociales, climatológicas, económicas y tecnológicas son muy contrastantes.El arte contemporáneo japonés desembarca en Cuba

Para los japoneses, cada obstáculo que impide el contacto online en y desde Cuba, es una circunstancia propicia para regresar a los métodos tradicionales de comunicación. La posibilidad de ver, sentir y escuchar in situ, aporta una experiencia real que rompe el estado ficcional de proximidad generado por las nuevas plataformas de interacción en la era digital.

El realismo cubano es dulceamargo y enrevesado, incómodo a veces para el extranjero. Siendo amantes de la perfección, los japoneses no perdieron oportunidad de adaptar su visión al primitivismo de un país en el que cada resultado positivo reviste un sacrificio enorme.

En el conjunto de obras expuestas se aprecia el diálogo entre similitudes geográficas e históricas, como el hecho de ser dos islas con su propia historia de amor-odio hacia Estados Unidos.

Pero también se observa el choque entre el tiempo psicológico de Cuba y el avance contrarreloj de un país que en menos de cien años ha sobrevivido a una sangrienta guerra mundial, dos ataques atómicos e incontables desastres naturales, para convertirse en un paradigma de desarrollo, al borde de la ciencia ficción.

Al interior de esa abismal diferencia se procura también un conocimiento mutuo, en el cual subyacen preocupaciones universales: desde traumas postcoloniales hasta la sensación individual de extrañamiento e intolerancia hacia las vidas de los otros. Poéticas singulares, en algunos casos expresadas con los materiales y recursos disponibles en Cuba, revelan los imaginarios y obsesiones de cada artista.

La obra de Takahiro Iwasaki, natural de Hiroshima, refleja su pasión por lo artesanal y su preocupación por el desarrollo nuclear, capaz de cambiar la fisonomía del planeta en un instante. Fuera del desorden (Uni-formes) es un amasijo de ropas que recrea el mapa de Cuba.

Al centro, grúas y torres meticulosamente fabricadas con hilos señalan la ubicación de la planta termonuclear de Cienfuegos, un peligro -¿conjurado?- que, de forma inesperada, hace eco a una inquietud personal relacionada con el trágico legado de Hiroshima.El arte contemporáneo japonés desembarca en Cuba

Natsunosuke Mise combina técnicas de la pintura Nihonga con elementos del pop art y el collage para realizar lo que parecen mapas a gran escala. Las piezas Intercambiabilidad y Pintura de Japón -el pequeño universo de la vasija- constituyen una especie de soporte de compatibilidad donde símbolos de otras latitudes, en este caso la bandera cubana, se yuxtaponen a motivos de la cultura japonesa.
Tomado de cubanet.org