Eduardo Córdova, la vida tras el tambor

Eduardo Córdova, la vida tras el tamborLA HABANA, 3 mayo (Por:Yanelys Hernández Cordero)  Conversar en las instalaciones de la compañía Habana Compás Dance puede resultar un reto para cualquier amante de la palabra debido a la inmensa variedad de sonidos que se producen diariamente en este espacio para el arte y sus exponentes más jóvenes.

Sin embargo, compartir con Eduardo Córdova Reyes no fue solo sencillo para nosotros, sino también ameno. Y es que cuando escuchas a alguien que ama tanto su profesión: sus anécdotas, su historia y ese brillo que emana de sus ojos mientras habla se convierten en elementos seductores que te atrapan y te hacen olvidarte de todo lo demás.

Entonces, aquellos sonidos que nos rodeaban se tornaron partes intrínsecas que acompañan y apoyan esta narración donde son, además, sus verdaderos protagonistas.

Aunque su padre siempre quiso que fuera músico, y lo incitó a estudiar violín con apenas diez años, Eduardo Córdova ya de pequeño sospechaba que el destino le tenía preparadas otras sorpresas. Rápidamente comprendió que ese no era su instrumento; y con ese afán -que siempre lo ha acompañado- de querer ayudar a otras personas valoró la posibilidad de estudiar psicología.

Sin embargo, el arte ha sido una constante en su vida y en su obra que, precisamente, lo hizo entrar a la Escuela Nacional de Instructores de Arte; y una vez graduado incorporarse a la Banda del Estado Mayor donde permaneció por más de cinco años.

Para ese entonces ya Eduardo sabía tocar todos los instrumentos clásicos de percusión: timbal, xilófono… Pero siempre sostuvo la idea de que un artista debería saber construir un instrumento de percusión; y decidió ponerla en práctica. Quizás el desconocimiento de la talla hizo que su primer tambor quedara un poco deteriorado, con algunos orificios.Eduardo Córdova, la vida tras el tambor

“Pero después empecé a darle lija, y obtuve una figura de la cual salió un rostro y ahí me di cuenta que a los tambores se le podían hacer rostros”-nos cuenta. A pesar de que Córdova afirma que el resultado no fue exactamente el esperado, Cordoviche, como el mismo bautizará a esta primera pieza, es identificado por su autor como el momento más importante de su carrera: el que lo marcó irremediablemente.

Y es que ver el producto terminado lo motivó a continuar por este camino y a documentarse más en pos a perfeccionar su creación de instrumentos musicales.

Desde un punto de vista místico esta primera obra tiene un rostro que se asemejaba mucho a la mitología afrocubana, en este caso Elegua; y yo la identifiqué como la pieza que me abrió el camino: que me amplió el horizonte a realizar otras y a reconocerme dentro del panorama artístico.

Siempre la he visto como un rayo de luz que me guió y le he estado muy agradecido; quizás por eso este tambor me acompaña en todas las exposiciones. Si yo no hubiera realizado esa pieza a lo mejor fuera solamente músico u otra cosa, pero lo que soy ahora estoy seguro que no, y se lo debo a Cordoviche”-afirma con firmeza Eduardo, para quien sus creaciones no solo tienen rostro, sino vida y alma propia.

Y al hablar, los personaliza, los trata como a sus hijos y probablemente por eso lamenta cuando uno de ellos abandona sus manos. No obstante, demora en dar una pieza por terminada pues siempre siente que puede mejorarse. En este sentido, durante uno de sus viajes a Europa comienza a interesarse por la pintura. Así inicia, de manera autodidacta, una exitosa combinación entre su obra y el arte de los pinceles; dándole un mejor terminado y aportándole un poco más de vida a los tambores.

Sería imposible enumerar todas las creaciones de Córdova, pero sin dudas el Tambor  de Siete Bocas marcó un hito en su carrera. Realizar una sola pieza donde pudieran tocarse los tambores Batá tradicionales, adicionando el séptimo sonido con el que el músico tuviera la posibilidad de improvisar, era una antigua inquietud que este prolífero artista venía madurando en su cabeza desde su época de estudiante.

Ya una vez en sus manos, comenzó a utilizarlo en diferentes agrupaciones musicales, dígase el grupo Obbara que él mismo dirigía, en Italia con la Sinfónica de Milán; y con muchos otros artistas de fama internacional como Compay Segundo, la India, Oscar de León, Kinito Méndez, entre otros; e incluso le dio la posibilidad de vincular su percusión afrocubana con la música electrónica junto al Dj Eddy.

Sin dudas, el Tambor de Siete Bocas sumó nuevos géneros de la música cubana e internacional a la trayectoria de Eduardo Córdova.

Pero a este artífice no le ha bastado el éxito propio sino que ha querido compartirlo con los más pequeños a través de la docencia, otra de las profesiones que ejerce a la cual profesa inmenso amor.

Sus dotes como profesor de percusión, aunque probablemente se afianzan en esa psicología que todavía lo habita, comienzan en la Escuela Elemental de Música “Paulita Concepción”. Según confiesa “el contacto con los niños es algo que me ha marcado mucho en mi carrera artística en tanto me ha permitido ver el resultado del trabajo.

De hecho, muchos de mis alumnos ya hoy, de adultos, son percusionistas reconocidos como Guillermo del Toro que es percusionista de Havana D´ Primera”.

La docencia también le facilita a este incansable creador, apreciar todo el ciclo en la vida del tambor: desde su nacimiento hasta que pasa a manos de un músico que hará brotar de él contagiosos ritmos.

“Es muy importante para mi ver como ese instrumento que creé y toqué por primera vez pueden tocarlo otros, sobre todo cuando se trata de alumnos, que además, son capaces de sacarle sonido y llegar a hacer composiciones propias”-nos confirma el también maestro.

Tantos años de trabajo se han traducido para Eduardo Córdova en innumerables reconocimientos dentro y fuera de la Isla; el premio Fiart 2001 que otorga el Fondo de Bienes Culturales es tan solo uno de ellos. Su presencia ha destacado en disímiles eventos en los cuales se ha acompañado de tumbadoras, bongoes, güiros, maracas, tambores tradicionales, chekeres y otras piezas que ha construido y tallado en su labor de artesano.Eduardo Córdova, la vida tras el tambor

Fue invitado al Fórum Barcelona 2004 donde tuvo la oportunidad de trabajar obras artísticas en vivo. En el 2007, en Italia, recibe el Premio Latino de Oro por su obra artística como escultor y pintor. Por más de diez años estuvo yendo al Festival Latinoamericano de Milán, donde se volvió exponente habitual. Un aspecto interesante de la participación de Córdova en estos espacios es que en su propuesta pone a dialogar su trabajo como músico con su obra artística, regalando coloridos performances.

Pero en el 2009 su vida dio otro giro. Un giro que hasta hoy lo ha mantenido absorto en la música, la creación de instrumentos de percusión y la docencia en función de estos. Se trata de su llegada a Habana Compás Dance donde junto con Liliet Rivera, directora de la compañía, mezcla el trabajo de la danza con los toques del taburete y hace que la compañía llegue a tener un sello identitario.

Este proyecto de danza y percusión junto a Liliet, ubicado en el capitalino municipio de Marianao; es uno de los dos grandes objetivos que se ha trazado Eduardo Córdova de cara el futuro. Al que se suma Tambores Córdova, radicado en 10 de Octubre, que cobra vida a través de La Casa del Tambor, un lugar donde se concentra todo su trabajo.

A decir de su anfitrión “las personas pueden venir a buscar detalles en torno la cultura afrocubana, y toda su herencia musical como los tambores arará o los abacuá. Un lugar de información tanto audiovisual como expositiva pues cuenta además con una galería fotográfica”.

Córdova reconoce que le queda mucho por hacer en cuanto a la promoción y el rescate de las raíces -por la parte africana pero también por la española- en las nuevas generaciones. Por eso vincula su obra con el barrio para beneficiar a sus pobladores con esta cultura, sus proyectos socioculturales así lo confirman.

A lo que le introduce un elemento imprescindible: su sensibilidad, pues para él “nos pasamos la vida entera haciendo percusión. Desde que nacemos ya llegamos al mundo con este instrumento de percusión que es nuestro corazón; y ese sonido es el que yo llevo a la música”. Mientras tanto; continuará tocando, instruyendo, pero sobre todo construyendo tambores que hechizan a no pocos y que a través de sus manos cobran vida.