Cuentapropista cubano: “Es muy difícil ser honesto”

 havana-live-cuentapropistaLA HABANA, 30 oct. CiberCuba El sector no estatal en Cuba se debate hoy entre un poco explorado escenario económico lleno de oportunidades, y los obstáculos impuestos por algunas regulaciones gubernamentales que, lejos de propiciar el funcionamiento armonioso de estos negocios dentro de la sociedad, los impulsa a esquivardichas regulaciones para prosperar.

Según revela un reportaje reciente del medio Diario Las Américas, no son pocos los emprendedores y propietarios de pequeñas empresas que tienen más de una argumentada crítica en relación al débil marco jurídico que los acoge.

En este sector se mantienen fuertes insatisfacciones hacia las normas que limitan los créditos bancarios y la total incorporación de todo tipo de profesionales a la actividad privada, así como la falta de un mercado mayorista bien abastecido.

“El gobierno te lo pone todo cuesta arriba. En cualquier negocio particular es muy difícil ser honesto”, explica Roberto, al frente de una oficina de publicidad que abrió recientemente y que, con la Feria de La Habana FIHAV, se encuentra a tope de contratos.

Para Roberto, “las reglas de juego están diseñadas para hacer trampas y propiciar la corrupción”, en tal sentido ha tenido que ampliar sus “redes de confianza” para establecer relaciones amigables con el gobierno y las instituciones regidas por militares, conocidas por controlar las principales ramas de la economía.

“Ellos (los militares) son los que te abren las puertas a determinados negocios, pues manejan el 80% de los “bisnes” en la isla, pero te pagan poco y con retraso. Los privados pagamos al cash y ese dinero no se suele declarar. Comprar e importar equipos, impresoras, tintas, casi siempre hay que hacerlo por debajo de la mesa”.

Roberto, que paga un salario a sus trabajadores de 200 CUC, también gasta más de medio millón de pesos en la Declaración Jurada anual y hasta 300 CUC mensuales por el alquiler del local. A ello se suma la tinta con la que imprime, comprada en Miami a 35 dólares, “más el extra que te cobran las ‘mulas’”, añade.

“Por la compra de tres o cuatro computadoras Apple debes desembolsar casi 10,000 dólares. Y una impresora moderna, con todo el equipamiento, no baja de 500 mil dólares. Con los paquetes de medidas decretados por Obama, para los particulares pudiera ser más fácil obtener créditos o importar.
Pero el Estado no ha movido una ficha, y dudo que la mueva, para que eso suceda. De ese bloqueo interno del gobierno no se habla en la prensa cubana. Ni hay sesiones de la ONU que lo pongan a debate”, reflexiona Roberto.

Una opinión parecida a la de Roberto es la de Silvio, dueño de un gimnasio particular, quien considera que al gobierno solo le interesa cobrar los impuestos a los privados. “La mayoría de los negocios se abre con dinero procedente del exterior y prosperan con muchísimos sacrificios, pagando coimas a inspectores corruptos y comprando en el mercado negro o importando de manera irregular lo que se necesita”, explica.

Otra preocupación para los propietarios de negocios privados es la apertura de un mercado mayorista que satisfaga verdaderamente las necesidades del sector.

“Abrir un mercado mayorista de verdad, no como el que abrieron en Miramar, que te vende las cosas diez centavos más baratas que el comercio minorista, no es un capricho, es una necesidad. Yo compro en Miami desde los tintes para el pelo, la queratina, laca y hasta las uñas postizas”, dijo al diario Deborah, al frente de una peluquería.

Otro emprendedor, Fernando, quien se dedica a la rama del transporte, habla de un “limbo jurídico” propiciado por el Estado para restringir la expansión de estos negocios. “Tengo una flota de tres camiones y siete autos que alquilo como taxis.

Pero eso no está autorizado, al menos abiertamente. Ahora, con la crisis de los taxistas, cuando el gobierno de La Habana decretó fijar precios, pudiera ser un primer paso para luego ir contra nosotros”, apuntó.

Según destaca la publicación, alrededor de doce oficios o profesiones no se contemplan en la lista de trabajo privado autorizada por el gobierno. No obstante, funcionan al margen de la legalidad y mano a mano con la actitud permisiva de muchas instituciones.