Cuando las calles habaneras hablan

Cuando las calles habaneras hablan

Foto: Borges/Havana Live

LA HABANA, 15 mar. Por Isely Ravelo Rojas  En La Habana las calles hablan. Cada nombre de las arterias cuenta una historia. Comencemos este viaje por la concurrida Obispo…

Se fundó por allá por 1519 y tuvo a través de los años 47 nombres. Entre ellos calle Del Obispo, porque allí vivieron en diferentes épocas los pontífices Fray Jerónimo de Lara y Pedro Agustín Morell de Santa Cruz. También la llamaron San Juan, pues brindaba acceso a la iglesia San Juan de Letrán del Consulado.

En 1905 la vía recibió el nombre de Pi Margall, en homenaje al defensor de los derechos y libertades de Cuba en España; y en 1987 para todos fue la calle Weyler. Sin embargo, la fuerza popular rescató su nombre original y patentiza que hoy sea Obispo, la vía estrecha con adoquines que se extiende desde la bahía habanera hasta la calle Monserrate.

Además, la arteria fue pionera en el alumbrado público y contó con el primer estudio fotográfico de la Isla, el del norteamericano George W. Halsey.

La Habana Vieja tiene más, si de nomenclatura de calles se trata: la Calzada de Monte realmente se llama Máximo Gómez y la de Reina lleva el nombre de Simón Bolívar. La conocida Teniente Rey está registrada como Brasil; Finlay es la popular Calle de Zanja y debe el nombre a que por ella corrían las aguas de la Zanja Real, que abastecía a La Habana.

Curiosamente, Belascoaín se denomina Padre Varela y a Neptuno se le dio el nombre de Juan Clemente Zenea. Y es que aunque los rotulados en las paredes estén para denominar las calles, los cubanos asumen sus propias maneras de nombrarlas.

El Paseo del Prado, con sus 2 kilómetros de longitud, fue construido en 1772 por orden del Marqués de La Torre. Mucho antes de que Coco Chanel hiciera un desfile en este lugar, Prado se llamó Alameda de Extramuros o de Isabel II porque fue la primera avenida ubicada fuera de la antigua muralla. Luego se le denominó Paseo de Martí y en 1928 fueron añadidas las ocho estatuas de bronce con forma de leones que simulan estar vigilando el Paseo.

Las calles y aceras del Vedado también hablan, la historia detrás de este barrio residencial es singular. El poeta Julián del Casal luego de un recorrido y tras quedar impresionado, lo calificó como el «simpático caserío». Era la antigua zona vedada, de ahí su nombre, donde se prohibía vivir, sembrar, talar y criar ganado en interés de la defensa de La Habana. También la dualidad entre letras y números propias de este lugar tiene un curioso origen.

El ingeniero Luis Iboleón, fue el dueño de las fincas El Carmelo y El Vedado, las dos parcelas que conforman esta parte del municipio Plaza de la Revolución. En El Carmelo las calles se identificaron con números pares, de menor a mayor, desde Paseo hasta el Río Almendares. Además, se nombró con números impares a las calles desde el mar. Por eso, no quedó otra alternativa que catalogar con letras las calles, aunque se aprovecharán los números impares de las vías paralelas al mar. Hasta hoy, las aceras pintadas con obras de reconocidos artistas plásticos conviven en armonía con las letras y los números del Vedado.

Igualmente en este poblado, está la conocida calle G. Su verdadera nomenclatura, Avenida de los Presidentes es a causa del conjunto de mandatarios al que se rinde tributo en ella. Las estatuas de Benito Juárez, Eloy Alfaro, Omar Torrijos, Allende, entre otros y el monumento dedicado a José Miguel Gómez hacen del lugar un sitio de referencia para los amantes de la historia y para los jóvenes que lo visitan durante cualquier noche habanera.

La calle 23 con La Rampa lleva al caminante hasta la Avenida de Malecón. Esta última, en los albores del siglo XX recibió el nombre de Avenida del Golfo en su tramo primitivo y con el tiempo también se le denominó Avenida de la República y Avenida General Antonio Maceo. Sin embargo, para el habanero, sencillamente es la vía de Malecón.

La Avenida Carlos III, con sus más de 50 metros de ancho oficialmente es Salvador Allende. Se le ha cambiado el nombre tres veces y fue puesta en funcionamiento por el gobernador Miguel de Tacón en 1836. Por eso, se le llamó en sus inicios Calle Tacón.

Años después, en honor al rey de España, se colocó una estatua del monarca en esta arteria y en 1936, el historiador Emilio Roig consiguió que se le restituye el nombre de Carlos III. En la década del 70 adquiere su nombre legal Salvador Allende, aunque queda bautizada para todos los citadinos como Carlos III.

Distantes en la geografía de la capital se hallan la Calzada de 10 de Octubre y 5ta Avenida, en Miramar, Playa. Esta última goza de popularidad por la belleza de sus construcciones donde en cada tramo convergen diferentes estilos arquitectónicos. Tiene matices del renacimiento italiano, mezclas del estilo romano, renacentista e incluso destellos de lo medieval.

Un paseo por allí no deja apacible a los caminantes ante la Casa de las Tejas Verdes y menos, ante el Reloj de 5ta Avenida. Este todavía funciona y lo diseñó el arquitecto George H. Duncan entre 1921 y 1924. Es una torre que esconde su propia leyenda. Dicen que las cuatro campanas del reloj llevan grabado el nombre de José López Rodríguez y cuando suenan imitan a las icónicas campañas del famoso Big Ben de Londres.

La Calzada de 10 de Octubre también guarda sus propias anécdotas. Cuentan que de las arboledas que franqueaban la avenida colgaron los cadáveres de doce vegueros, mártires de la lucha contra el Estanco del tabaco en el siglo XVIII. La que antes fuera Calzada de Jesús del Monte inspiró el primer libro el poeta Eliseo Diego, titulado En la Calzada de Jesús del Monte y se convirtió para entonces, en la única arteria que saliendo de La Habana llevaba hasta los poblados de Santiago de las Vegas y Bejucal.
Muchas son las calles capitalinas que olvidando la nomenclatura oficial, asumen el nombramiento que le otorgan sus habitantes. Cada arteria es un mundo de historia y datos interesantes que se logran desentrañar, solamente, cuando las calles hablan.