Cine francés en La Habana: encuentros y desencuentros

havana-live-timbuktuLA HABANA, 8 Mayo  El viernes 1ro de mayo comenzó en La Habana el 18 Festival de cine francés con la proyección del filme franco-mauritano Timbuktú.

Este evento, el mayor de su tipo fuera de Francia, trajo más de veinte títulos de ficción, entre los que destacan Dios mío, ¿qué te hemos hecho?, el más taquillero en la cinematografía francesa de los últimos cinco años, y Amar, comer y beber, la última película de Alain Resnais.

Además, la delegación de artistas está encabezada por el franco-griego Costa Gavras, director de El capital y ganador de Premios Oscar en 1969 y 1982; los productores Silvie Pialat y René Bonell, y los creadores del Festival, Christophe Barratier y Nouredine Essadi.
Pero sin duda una de las principales atracciones –si no la mayor– esperadas era Regreso a Ítaca, dirigida por Laurent Cantet e inspirada en La novela de mi vida (2002), del Premio Nacional de Literatura Leonardo Padura. El filme no se incluyó en el programa del 36 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en diciembre pasado.
La película recrea el rencuentro de cinco amigos en una azotea de Centro Habana, interpretados por los consagrados Isabel Santos, Jorge Perugorría, Fernando Hechavarría, Néstor Jiménez y el menos conocido Pedro Julio Díaz Ferrán.

Se teje la historia con el relato de cada personaje sobre su propia vida y la del resto del grupo, con reproches a veces ruines, con descarnado cinismo o profunda melancolía. También con risa y añoranza. Aun desde la esperanza de que se esfumara el aburrimiento inicial con un mínimo giro de noticia, de frescura, de inteligencia, desde entonces no pude más que adivinar y acertar, prever, oír ‘una vez más’ frases repetidas, predecibles, con cuatro ‘palabras sucias’ cada tres dichas, a la fuerza, enunciados-comodín.

Una película todo directa, muerte de la metáfora y la sutileza, todo lugar común, pretendido mapa sociológico hecho con pinzas al amparo de los dramas cubanos harto cinematografiados. Migración, frustración, miedo, fracaso, nostalgia, economía, familia… No está mal que sean los mismos, pero sí que revuelvan el discurso.
Su forma la traiciona. Hay conflictos traídos a cuenta a rastras porque tenían que estar presentes como si de pase de lista se tratara. El artista sin inspiración, la doctora que vive de los regalos de sus pacientes, el ingeniero que es mecánico, el dirigente corrupto, el muchacho pragmático de la nueva generación, la vieja madre, raíz común, patria que une… Personajes forzadamente tipo, caricaturescos, muestra de la última miseria, pero que no sensibilizan en tanto apelan a resortes visibles, expresos.

Todas las costuras del filme están expuestas, las manos del titiritero que no dejan creerse al títere. El crítico de cine y profesor Gustavo Arcos estima que se trata de una película “narrativamente retórica, con personajes que lloriquean sus miserias y frustraciones de principio a fin, que reproduce una y otra vez los mismos parlamentos e ideas que llevamos 50 años escuchando”.

‘Memorias del subdesarrollo’, de Tomás Gutiérrez Alea, es hoy muchas veces más película de futuro. Y esto no alarma porque sea poca cosa –que no es, al contrario– sino porque se hizo en 1968 y sigue hablando tantísimo mejor de nosotros y nuestra circunstancia.
Si hace 40 años se dijo aquello como se dijo, ahora el cuento tendría que tener otro nivel, otra complejidad. Debería ser mejor cuento, que no más feliz. Pero ahí tuvimos los aplausos enardecidos desde las butacas en el cine.

Y el premio el Abrazo del Festival de Biarritz y el reconocimiento a mejor cinta independiente en la Jornada de los Autores de la edición número 71 del Festival de Cine de Venecia.

http://www.cubadebate.cu/opinion/2015/05/07/cine-frances-en-la-habana-encuentros-y-desencuentros/#.VUzh5Y5_Oko