Boom inmobiliario en La Habana

img_7813 LA HABANA, 4 Octubre  (Mario Hechavarría Driggs) En la Ciudad de La Habana hay casas que cuestan más de cien mil dólares, precios no aptos para cardiacos en Cuba actual.

Mientras tanto, el Gobierno decidió desmantelar el otrora poderoso Instituto Nacional de la Vivienda, considerado un auténtico antro de la corrupción generalizada a lo largo y ancho de la isla. Con la liberalización de los permisos de venta de la vivienda, se creó de inmediato un mercado impensable dentro de la concepción originaria del Estado comunista cubano.
Muchas familias poseen excelentes casas o apartamentos en zonas residenciales de El Vedado o Miramar, adquiridas por herencia familiar en menor parte, y la mayoría adquiridas por las confiscaciones hechas por el Gobierno castrista al comienzo de la Revolución en 1959.

Sus auténticos dueños viven, en su mayoría, en Estados Unidos o España. Su ubicación en zona de la ciudad de mejor calidad de vida, les confiere, de inicio, un alto precio. Con una reparación adecuada a bajo costo, llegamos a una elevada oferta final.
Los materiales de construcción se venden según “precios diferenciados”, la mayor parte en los conocidos “rastros”, unidades estatales, de cuyo listado de venta seleccionamos algunos artículos:
– Cemento Portland 250, bolsa de 50 Kg: 122 pesos moneda nacional (casi 4,90 CUC).
– Ladrillos medida común: 3 pesos por unidad (0,12 CUC).
– Bloques de 10 cm de ancho: 7 pesos por unidad (casi 0,30 CUC).
– Acero corrugado de ½ pulgada, 9 pesos por metro (0,36 CUC).

También existe otra opción, ir directamente a las tiendas recaudadoras de divisas, las cuales tienen precios superiores.
Por ejemplo, el mismo saco de cemento Portland 250 vale 6.60 CUC. Ahora podemos ver residencias restauradas dignas de un presidente, auténticas casas de muñecas, remedos de castillos renacentistas y demás atracciones inmobiliarias, listas para la venta. 

Como todos sabemos, el salario promedio de un trabajador es de 450 pesos cubanos (no dólares) mensuales, lo cual hace imposible que un trabajador pueda comprar una casa o apartamento sin la ayuda de un familiar con recursos económicos solventes en la gran diáspora cubana, sobre todo en los Estados Unidos. Incluso, algunos extranjeros de la vieja Europa están comprando propiedades utilizando cubanos en la isla como intermediarios con su correspondiente comisión y todo lo que conlleva una transación comercial.