Bitcoin: ¿la moneda del momento?

Bitcoin: ¿la moneda del momento?

LA HABANA, 16 mayo  Por: Alberto C. Toppin Desde que entramos en el siglo XXI, las tecnologías de la comunicación y la información no han hecho más que socializar lo que antes precisaba de la presencia física de un individuo o estaba en manos exclusivas.

Así, vimos el surgimiento de Facebook como ese lugar de esparcimiento en el que contactamos a nuestros conocidos; Instagram nos permitió compartir nuestras fotos, tal y como cuando una amigo iba a nuestra casa y le enseñamos nuestros álbumes; el IPhone de Apple miniaturizó las computadoras para todos hasta llevarlas a un teléfono móvil… Y ahora es el turno de las finanzas: el bitcoin se ha vuelto la moneda que todos quieren tener y que nadie parece controlar.

Básicamente, el bitcoin es una moneda puramente digital y encriptada que tiene cierta fuerza sobre el dólar, al punto que la unidad ha llegado a canjearse por dos decenas de millares de la moneda norteamericana, aunque ahora ha bajado hasta poco más de los 6 mil USD.

Su surgimiento está relacionado con uno de los misterios de este milenio: fue creado por Satoshi Nakamoto, un pseudónimo que nadie se ha adjudicado y que solo propicia suposiciones. A decir de los patrones de tiempo de los mensajes que Nakamoto compartiera con otros entusiastas de las criptomonedas, parece que este residía en América.

Encima, los códigos que utilizó para conformar este nuevo, abierto y bastardo sistema finaciero tienen un nivel de perfección que induce a pensar que el creador es, más bien, un grupo de creadores que no tiene que ver en absoluto con Japón.

Tal anonimato ha tenido sus consecuencias negativas: al presentarse la candidatura del padre del bitcoin al Premio Nobel de Economía de 2016, la Real Academia Sueca de Ciencias decidió no aceptar la propuesta, pues el galardón no se entrega a personalidades anónimas ni fallecidas.

Mientras que las distintas monedas son creadas por una entidad financiera de determinado país o región a partir de los bienes producidos en determinado lapso de tiempo, el bitcoin se genera, en resumen, resolviendo ecuaciones.

De una cadena de códigos en bruto, las computadoras realizan una serie de cálculos para encontrar uno de los códigos de esta moneda. Sin embargo, la potencia de los ordenadores que tenemos a mano sólo permite encontrar una pequeña fracción de ese código en días.

No es para menos: los bloques en bruto pueden tener hasta gigabytes, de ahí que esta moneda pueda fraccionarse en diezmillonésimas partes, incluso más. Encima, la cantidad total de estas criptomonedas que pudiera hallarse tiene un máximo de 21 millones, cifra que, según el sitio bitcoin-info.es, debe alcanzarse en el 2140.

Uno de los puntos a favor que tiene esta moneda virtual radica en su seguridad. No es duplicable. La razón radica en el algoritmo que posibilita las transacciones. Cada usuario tiene un código privado en su billetera electrónica que se “acuña” a los bitcoins, y a la hora de hacer compras, este código se sustituye por uno público, previa firma electrónica y viaja hacia el receptor, que le imprime, primero, su código público y luego el privado.

Estas transacciones son verificadas por los mineros durante el proceso de encontrar bitcoins. Por supuesto, todo esto es matemáticamente quebrantable, es decir, puede violarse, pero se necesitaría una computadora con más capacidad de procesamiento que Google para tener un 50% de probabilidad de éxito.

Tal circunstancia de solidez ha hecho que varios servicios en internet adopten el bitcoin como moneda de pago, aunque existe un debate intenso respecto a su valor. Por ejemplo, China y Tailandia lo penalizan, y para Stefanie Hofritcher, economista de Allianz Global Investor, esta criptomoneda no debiera canjearse por ni siquiera un dólar.

El especialista cree que la criptomoneda ha provocado una burbuja financiera de la que solo es aprovechable el método para verificar las transacciones. Sin embargo, otro de los puntos a favor que Hofritcher no refiere del bitcoin es el uso sin restricciones políticas, aunque sí requiera de conexión a internet. Esto significa que puede usarse en países con trabas a la hora de usar, digamos, el dólar. Sí: Cuba figura entre esas naciones.

Por lo pronto, el bitcoin no parece que desaparezca, aunque su valor de cambio ya comienza a resentirse respecto a años anteriores. Eso sí: está bastante lejos de descender al mismo nivel de las primeras transacciones, cuando para comprar una pizza de ocho dólares se necesitaban 10 mil bitcoins. Demás está decir que el comprador de entonces, en el día de hoy, goza de una fortuna poco inigualable gracias a la ¿magia? de las matemáticas y la programación.