Cuba se prepara para el “día cero”

08cuba630rlLA HABANA, 12 Octubre (dpa) En varias tiendas de La Habana ya pueden verse carteles anunciando “¡Ahora! Facilidad de pago en CUP!”. Los letreros apuntan a lo que debe ser la próxima gran reforma cubana, aún sin un “día cero” definitivo: la desaparición del CUC, el peso equiparable al dólar.

Cuba ha empezado desde hace varios meses a despedirse de su doble moneda, un sistema que durante años ha molestado a los cubanos, que veían cómo esa dualidad dividía la sociedad.
En el país circulan dos monedas desde 1994: el peso cubano (CUP), en el que se pagan los salarios estatales, y el peso convertible (CUC), equiparable al dólar y cuyo cambio es 25 veces superior al del CUP, que se utiliza para la compra de la mayoría de los productos.

El sistema ha creado dos sociedades paralelas, pese a la pregonada igualdad social, considera José frente a un centro comercial de la zona residencial de Miramar, en el oeste de La Habana. “Antes aquí solo podían entrar los diplomáticos. “ Ahora podemos entrar todos los cubanos, pero de qué me sirve a mí si con mi salario no me alcanza para comprar casi nada”, critica el ingeniero.
Los ciudadanos compran los productos de la canasta básica subsidiados con peso cubano, que también les sirven para pagar el transporte y los servicios de agua, gas y electricidad. El CUC, en cambio, la “moneda dura”, es utilizada para adquirir la mayoría de los productos, desde el detergente hasta la cerveza. Los perjudicados por la dualidad han sido principalmente los ciudadanos.

Mientras que las personas naturales cambiaban CUP por CUC por 25 a 1, las empresas estatales mantenían una tasa de cambio de un CUP igual a un dólar o CUC. Esta situación, según expertos, distorsiona las cifras económicas: al registrar ambas monedas con el mismo valor empresas rentables parecen estar en quiebra, mientras que otras que solo producen pérdidas mantienen un estado de
cuentas con superávit. La dualidad monetaria también ha simbolizado la división social entre los que trabajan para el Estado y los que lo hacen en empresas extranjeras, el turismo o reciben remesas de familiares en el exterior.

Rosa es una jubilada que cuenta todos los meses con 100 dólares que le envía su hijo emigrado a Angola. “Una vez que lo cobro tengo que cambiarlo en CUC o CUP, dependiendo de qué voy a comprar. Todo sería más fácil con una sola moneda”, asegura. Las oficinas de cambio, llamadas CADECA, se encuentran en el interior de las instalaciones de hoteles y aeropuertos, pero la mayoría está en la calle,
en zonas de gran afluencia y en locales fabricados con estructuras de contenedor de metal. La gente hace cola al sol esperando su turno. “De tres ventanillas solo funciona una, siempre es lo mismo y aquí no hay un árbol donde ponerse a la sombra”, lamenta Adalberto mientras espera su turno en una CADECA situada en el lateral de un conocido restaurante de La Habana.

Los expertos consideran que la unificación monetaria será beneficiosa para la macroeconomía pero que el poder adquisitivo del ciudadano común no mejorará salvo que aumenten los salarios. Y aunque el gobierno cubano ha asegurado en varias ocasiones que la eliminación de la doble moneda no causará un incremento de los precios ni afectará “la capacidad de compra” de la población,
los ciudadanos viven la situación con preocupación. En Cuba se vive una “pirámide invertida” en la que los profesionales, como médicos e ingenieros, ganan sueldos inferiores a los de trabajadores manuales como fontaneros, carpinteros o mecánicos que se desempeñan en el sector privado. “Son las altas expectativas de mejora inmediata de la población frente a los efectos reales de la unificación”.

Una de las derivaciones más esperadas “son las altas expectativas de mejora inmediata de la población frente a los efectos reales de la unificación”, afirmó a un medio local la investigadora del Centro de Estudios de la Economía Cubana, Jessica León Mundul.
“Lo que hay que hacer es reajustar precios y elevar salarios”, señaló Dayana Uría, una maestra de secundaria básica de La Habana que considera bajos sus ingresos frente a los precios de los productos en las tiendas.

El salario medio de un empleado estatal en la isla ronda los 466 pesos cubanos, unos 20 dólares, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas. El gobierno reconoce la situación de quienes reciben sueldos menores, pero matiza que los ciudadanos tienen altamente subsidiados servicios básicos como la electricidad, el agua y el gas, a lo que suma la gratuidad de la educación y la salud. La población duda. Y aunque el fin del peso convertible fue anunciado en octubre del año pasado, todavía se desconoce el esperado “día cero” para la desaparición del CUC.