17 abril y de 2014. Eternidad

13001052_997415660334938_7862836667431334110_nPor: Jeannette Ochoa Fiffe

“…es la vida más que la muerte la que no tiene límites…”
Gabriel García Márquez

Busca con desespero esa rosa para un amigo. Fue quien tomó su mano y la llevó bien apretadita, por sitios que no pensó en pisar jamás ¡Si su mamá se entera todavía le puede dar un ataque! Sonríe triste.
No olvida sus paseos con él por los platanales como se dice aquí, bajo la lluvia interminable de su lugar favorito…. (Se distrae con Aute, quien le avisa, voz de pincel en tonalidades goyescas, que ya son las cuatro y diez; canta con él…) ¡Ah querido amigo! ¡Tan atrevido!

Y ella una chica por entonces metiéndose junto a él en ajenas soledades y por tan largo tiempo. La mami la hace en paz junto a un señor serio y él haciéndola enredarse en los pasillos de la genética, desdibujando el complicado árbol genealógico de los Buendía, seguirle selva adentro pegadita a su cuerpo, con temor del absurdo que seguiría un minuto después.

Eso sin saber su mami, porque ya estaban en riveras distintas, la vez que la llevó a recorrer aquel convento de chifladura, y le dio la lección más hermosa que manual alguno de enfermedades y psicologías absurdas no ha sustituido: le dijo cerquita del oído estremeciéndola desde entonces… no hay medicina que cure lo que no cura la felicidad…

Un amigo a quien no conoció personalmente, a quien culpa y agradece el valor para escribir líneas destinadas a nadie sabe quién. El llamó a escribir el oficio más solitario del mundo y ella se lo toma tan en serio….De hecho el sabría por qué lo decía. El necesitaba para escribir una rosa sol en su mesa.

Ella enamorarse y escuchar la música que ama mientras sus dedos se apresuran como sobre teclas de piano insertando notas como letras; no en la partitura __el deseo de su papá__ sino sobre una hoja virtual, márgenes auto diseñados y unos caracteres que a ella le fascinan tanto como las semifusas volando en papel pautado, cientos de veces desdeñado, amado…. ¿olvidado?
Le hace una carta que él nunca llegará a leer. Tarde.
Rendirle su postrer homenaje, es su duelo, personalísimo, hondo.

Escribe de un tirón:
Querido Gabriel, Gabo, como te dice la mayoría y a veces yo también:
En una esperanzada mañana del 18 de abril__ digo esperanzada porque se suponía que vería pronto al responsable de mi susto del amor tal como tú decías__ en una pesquisa para detectar justo el cólera, alguien largó sin repasarlo el comentario de que estabas muerto. Muerto tú…Tú.
Pensé en un error. Te habían dado el alta el martes anterior ya ¿repuesto? de tu afección respiratoria… Todo estaba reanimado contigo. Con esa, la ilusión de la adolescencia que me ha permitido sobrevivir para ver si alguna vez puedo contarla, seguí en mi eterno delirio de imaginar que te encontraría por una de las callejas de La Habana Vieja y por si me quedabas lejos había preparado gritarte ¡Maestro! tal como tú le gritaste a tu Hemingway personal, desde la otra acera, cerca de La Sorbona una de las más concurridas París y él, dándose por aludido levantó su mano gigante y te saludó. De seguro, el único de los transeúntes que entendió e identificó entre miles la voz de un periodista que años después le sucedería en el Nobel de Literatura.

Caminé sin reaccionar varios edificios. Mentira. De seguro un error ¡Eso, un error! Te imaginé en México con tu Mercedesporsupuesto, en uno de tus ires y venires, abrazando ese, tu mundo loquicuerdo, lieder en allegretto y tarantela molto lenta__ espera hoja en blanco, rosa amarilla en la mesa__ nuevos disparates tan cuerdos y reales que espantaban, asustaban y consentían puertas abiertas para salir volando como Remedios, navegar sin fin por el Magdalena con su olor a guayaba podrida; el que usabas para retitular el aroma de este Caribe que sin conocernos compartimos cada uno a su manera.

Tú, sin saber que yo era. Yo, sabiéndote y presintiendo que no estaba sola en el reino de este mundo, y que mientras escribieras, montaras tus aviones aterrorizado, y tuvieras esa recua de locos por familia….todo, o casi todo iba a salir bien, para tranquilidad de los jardines, tristeza de los comerciantes y jubileo de este plétora de seguidores que recorrimos contigo los parajes más desatinados y recónditos en tus páginas, leyéndote hasta en tres horas, como te gustaba.

Llegar a las páginas finales de tus dislates, acompañarte con un carajo a un final coprolálico, para terror de los ilustrísimos de la Real Academia de la Lengua española que jamás llegarán a entender que la monserga de tus palabras también limpia, brilla y da esplendor, ya floreciera en el lenguaje de marinero que sabía gastarse Fermina Daza, o en los improperios del Coronel esperando las cartas que nadie le escribió jamás.

Era irse de nuevo a la isla de Robinson Crusoe, solo que con estos años que ahora me surcan por las costillas, la cabeza con más perturbaciones y los sueños de guardia para que nadie me despoje de eso que alguien rotuló como realismo mágico y yo lo bautizo garciamarquiadas, o aracatencadas, heredadas de esa fortuna de lengua que tenemos y que Neruda llamó palabras.

Veo en la tele, las fastuosidades en la casa de mármol blanco del Palacio de Bellas Artes del México que te vio crecer como escritor a pesar de que repasabas las acometidas de tu tío el Coronel, en tu casa de Aracataca allá en la convulsa Colombia tierra madre que te parió. Veo ¡la pava! ¡Cuánta alfombra roja y cuanta gente que ni siquiera sabía que Macondo no era sino un lugar para los que te amamos sin condiciones y aprendimos de ti que esto es el Caribe!

Sólo tus lectores desde latitudes diversas, los que no alcanzaron a entrar, y los amigos que acompañaban a Mercedes, a Gonzalo, a Rodrigo; sintieron el tintineo de tus cenizas queriendo desbandarse de entre tanto kitsch hacinado por palabrería arreglada, cronometrada. Esfumarse de tanta pava. Nadie te pudo ayudar. ¿Ves? son las fórmulas que nos joden la vida, a decir tuyo, la puta vida. Pero te tocaba pagar ese precio. Desde hace mucho dejaste de pertenecer a la dinastía garcíamarquiana para ser como Borges; un ciudadano del mundo. Eso te de tranquilidad.

Sé que te gustaría, y a nosotros, tus cenizas mortales se desbordaran por el Caribe: desde las plantaciones de banano que ya no están en Macondo, digo en Aracataca, hasta las callejuelas de los lugarcitos que peregrinaste de joven en tus parrandas universitarias mientras llenabas tus ojos con la vida que después, pobre escribano __como te llamó tu editor español aquel domingo de locura__ pondrías en libros para que la humanidad viviera lo que tenías dentro y proscribiera los cien años de soledad, los laberintos, las malas horas, las crónicas de muertes anunciadas, los demonios del amor, las hojarascas, los otoños del patriarca, y el cólera que mata el amor en estos tiempos; donde todavía la medicina o la receta para seguir en el navegar de toda la vida no la tiene nadie tan bien preparada como aquel Florentino Ariza con calmada seguridad cuando le contestó al capitán de la nave que izó la bandera de la peste llevando todo el amor del mundo a bordo, solo al alcance de las manos que logran descubrirlo
__ Toda la vida__ dijo__…toda la vida.